Entre el zuchini y el tzatziki
Sección Editorial
- Por: Gina Goldfeder
- 03 Enero 2024, 01:01
“Una receta para cocinar una buena relación”.
Se cortan finas rebanadas de calabaza y berenjena. Se necesitan manos de artista para poder estilizarlas. Hay una línea delgada entre una cosa y otra. Saber la frontera exacta lleva años de experiencia y algunos tropiezos.
El acierto está en capear tan ligeramente los vegetales que parezca que la harina forma parte de su piel. Dorarla muy poco para pintarla de color marrón. Sólo algunas manchas.
Cuando cruzamos la línea corremos el riesgo de quemar la relación.
Un poco de sal de mar y pimienta negra después del tueste, ayudará a que la textura cruja y su sabor tenga presencia. De todo, sólo un poco. Si se exagera en los ingredientes, el sabor original se pierde.
Ni todo el amor ni todo el dinero, dicen. Yo, lo prefiero todo en abundancia. Todo dentro de una vida que dura tan poco. Luego, el tzatziki para complementar esta delicia mediterránea. Tener a la mano el yogurt griego bien frío. Nada como dejar las cosas enfriar.
El pepino y un diente de ajo, es lo que da consistencia a la mezcla. La distancia permite ver con mayor claridad aquello de la individualidad. El zumo de limón da el contraste, media taza es una buena medida. Se pica menta o perejil al gusto.
La frescura sucede en el respeto de ambos territorios, las personas son auténticas y espontáneas cuando pueden delimitar, con asertividad, su espacio. Añadimos eneldo y sal. También necesitamos dos cucharadas de aceite de oliva virgen extra.
La libertad entre dos que se aceptan comienza a fluir. Se diluyen los desacuerdos y la relación se mantiene casi intacta. Cualquier encuentro, es ganancia mutua. Se pela el pepino, se abre y extrae la zona central de pepitas, ya que si se añaden a la salsa podría quedar muy líquida.
Existen verdades personales que no son negociables. Estar alerta de no sacrificar la propia identidad. Se ralla el pepino muy finito y luego se deja escurriendo en un colador, con un poquito de sal. Se presiona para que acabe de escurrir el agua.
Hay algunos que no saben de horizontes y fronteras. No distinguen la línea delgada entre una cosa y otra. Secan la relación o la pasan de tueste. En un recipiente se pone el pepino con el aceite y el yogurt griego, y se mezclan bien. Añadir los dientes de ajo picados muy finitos, menta o perejil también, y el eneldo con el zumo de limón.
Se revuelven todos los ingredientes para que quede una crema lo más homogénea posible
Con una buena cantidad de todo, se necesita muy poco. Yo he pasado la frontera. Ahora voy de regreso. La línea delgada la veo cerca. Ahora ya reconozco quién soy yo, y quién es el otro.
Hay que dejar reposar el tzatziki diez minutos, y treinta, de reposo en la nevera.
Las pausas ayudan a crear consciencia. El descanso y la distancia, también. Como en las buenas recetas, nunca se siguen al pie de la letra.
Compartir en: