Alejandra_Sanchez_1x1_5b438e233a
Opinión

La oficina que seguimos improvisando

El diván interior

Marzo de 2020. Nos dijeron que serían dos semanas. Pusimos la laptop en el desayunador, le pedimos silencio a la familia y llamamos a eso “home office”. Han pasado más de cinco años y, en muchos hogares mexicanos, la mesa del comedor sigue siendo la oficina.

El dato que cambia la perspectiva: la Secretaría del Trabajo publicó que el 73% de las empresas en México declaró formalmente que no regresará al modelo 100% presencial. No es tendencia, es una decisión tomada. 

Para 2026, tres de cada cuatro trabajadores pasan al menos dos días a la semana laborando desde casa. Eso son 20 horas semanales en un espacio que casi nunca fue diseñado para trabajar.

Y aquí está la paradoja: hemos renovado cocinas, baños, clósets y recámaras. Pero el espacio donde trabajamos, y donde posiblemente ganamos el dinero con el que pagamos todo lo demás, ese sigue improvisado.

Los diseñadores de interiores identifican cinco elementos que transforman un rincón con laptop en una oficina real. Primero, la separación física: el cerebro necesita saber cuándo está trabajando y cuándo no. 

Segundo, la iluminación: el foco del techo te hace ver como en un interrogatorio; la luz cálida a la altura del rostro cambia completamente cómo apareces en pantalla. Tercero, la acústica: cortinas gruesas, tapete y libreros absorben el eco que delata un espacio improvisado. 

Cuarto, la ergonomía: la espalda cobra la cuenta de años en sillas del comedor. Y quinto, el diseño biofílico: plantas y madera natural mejoran la concentración, reducen el estrés y transforman visualmente el espacio.

En cuanto a costos, una mejora sin obra —buena iluminación, silla ergonómica, escritorio nuevo— va de $15,000 a $40,000 pesos y transforma por completo la experiencia de trabajar ahí. 

Una remodelación ligera de un cuarto de 9 metros cuadrados cuesta entre $22,000 y $36,000 pesos. Si se quiere ir más a fondo —mueble a medida, instalaciones eléctricas, acústica— el rango sube a entre $40,000 y $72,000 pesos. 

Una silla ergonómica de calidad media vale entre $3,000 y $8,000 pesos. Un escritorio con altura ajustable arranca en $3,500. Y esconder los cables cuesta entre $3,000 y $8,000 pesos de instalación eléctrica; es el detalle que más se nota y el que más se olvida presupuestar.

El 68% de los profesionales en México ya busca activamente empleadores que ofrezcan trabajo flexible, según OCCMundial. El home office dejó de ser una concesión temporal para convertirse en parte permanente de cómo vivimos y trabajamos. 

La pregunta ya no es si vamos a seguir trabajando desde casa, sino si el espacio donde lo hacemos está a la altura. Y usted, querido lector: ¿en qué fase va? ¿O de plano abortó la misión y regresó a su oficina o cowork?

más del autor

El idealismo del scooter

Hubo un momento durante el Mundial 2026 en que Monterrey pareció, por unos...

El diseño que te hace gastar

¿Cuántas veces entraste al súper por un shampoo y saliste con tres bolsas?...

El blanco nos calma y el rosa nos grita

¿Por qué los mejores futbolistas del planeta juegan con zapatos rosas este...

De herradura a catedral

Junio de 1986. Monterrey amaneció con una fiebre que no era del verano. Por...

últimas opiniones

El ausente de la trama

El dedo en la llaga. La reconocida periodista y escritora Anabel Hernández...

México: el espejismo del pleno empleo

Más de 33 millones de mexicanos trabajan en la informalidad. El reto ya no...

Contar paisanos no es cuidarlos

Los cruces y carreteras de Tamaulipas siguen siendo el paso obligado porque...

El ejemplo de McCain y cómo México va en contra

Hubo un tiempo en que la política todavía conservaba ciertos límites. Se...

×