Opinión

¿Era San Pedro, hasta hace unos años, hogar de capos del crimen organizado?

Sección Editorial

  • Por: Eloy Garza
  • 10 Marzo 2026, 02:30

En años anteriores, San Pedro se volvió hogar de capos del crimen organizado y lavadoras de dinero y factureros. 

Era algo más que una leyenda, más que un secreto a voces. Se tenía que guardar prevención en el tráfico o en los bares. No sabía uno quién estaba al lado. 

Ayer, Donald Trump planteó en una proclama emitida por la Casa Blanca: “el aniquilamiento de las organizaciones terroristas extranjeras” en el hemisferio occidental. 

Esta proclama ordena entrenar y movilizar a los ejércitos de las naciones aliadas —donde no estuvo citado México— para poder desmantelar a estas células delincuenciales, sin escatimar acciones unilaterales de nuestros vecinos del norte. 

Ayer mismo discutíamos algunos vecinos de San Pedro lo que podría suceder con nuestro entorno, derivado del encuentro del Comando Sur de Estados Unidos, en Miami, el pasado 5 de marzo de 2026. 

Allá, en Florida, se tejió una estrategia que nos podría alcanzar hasta aquí, por increíble que pudiera parecer en primera instancia. 

La Conferencia Anticárteles de las Américas no fue solo un encuentro diplomático; fue el escenario donde la Doctrina Donroe —esa reinvención trumpiana de la antigua Doctrina Monroe de 1823— se presentó como un ariete contra lo que Washington ve como amenazas hemisféricas. 

Once naciones conservadoras, de Argentina a Trinidad y Tobago, sellaron pactos para una “paz armada”, mientras México, Colombia y Brasil fueron tachados de indecisos o cómplices de esas bandas terroristas. 

La bautizada doctrina Donroe, por la fusión de Donald y Monroe, no es una referencia histórica inofensiva; es un mandato para que EUA no se anexe un territorio —de entrada, el norte de México—, sino que reclame el hemisferio occidental como su patio trasero, con “fuerza letal” si es necesario. 

Operaciones como la llamada “Lanza del Sur” pueden meternos a los nuevoleoneses en malos entendidos y errores de apreciación, donde la soberanía se podría caer como castillo de naipes. 

Escuché el reciente discurso de Stephen Miller, el cerebro antiinmigrante de Trump, y sus susurros —es un hombre que no alza la voz— ponen los pelos de punta: los cárteles son terroristas que exigen “brutalidad militar”, y México es un ciclo vicioso de inseguridad que impulsa la migración y enriquece a los narcotraficantes. 

Trump fue más radical: desde su resort en Doral, Florida, en la cumbre “Escudo de las Américas”, proclamó una coalición de 17 naciones para atacar cárteles con operaciones conjuntas, señalando a México como “el epicentro del narcotráfico” y “orquestador de violencia hemisférica”. 

“Vamos a acabar con ellos de una vez por todas”, advirtió. 

No tengo por qué negar que la gente de Nuevo León formamos un estado fronterizo, que es hub industrial: movemos miles de millones en exportaciones vía el T-MEC —$1.2 billones anuales en comercio bilateral—. Y este escenario óptimo para nosotros puede cambiar por culpa de otras regiones de México que sí están sumidas en la ingobernabilidad. 

La Doctrina Donroe amenaza con aranceles y revisiones condicionadas a “cooperación” en seguridad, lo que estrangulará inversiones en maquiladoras y automotrices, afectando a 1.5 millones de empleos directos en el sector. 

Pero el golpe más duro viene del crimen organizado: San Pedro Garza García fue enclave de líderes del Golfo o Zetas en mansiones blindadas, atrayendo lavado de dinero en bienes raíces valorados en cientos de millones. ¿Lo sigue siendo? Ya no. Pero la leyenda se mantiene. Cuidado con eso para no convertirnos en posible blanco potencial.

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