¿Estamos juzgando bien este sexenio?
Sección Editorial
- Por: Luis Padua Viñals
- 09 Junio 2026, 04:58
Podrá discutirse cuánto faltó para terminar las Líneas 4 y 6 del Metro. Lo que resulta más difícil de responder es otra pregunta: ¿estamos evaluando correctamente la cantidad de obra pública que realmente se ha realizado en Nuevo León durante los últimos años?
La pregunta viene al caso porque buena parte de la discusión pública parece haberse concentrado en aquello que no se terminó, particularmente en las nuevas líneas del Metro, cuya construcción avanzó mucho menos de lo que originalmente se prometió para estas fechas.
Y es cierto. Negarlo sería absurdo.
Las obras no llegaron al punto al que el propio gobierno proyectaba llegar hace algunos años. Los plazos cambiaron y las expectativas tuvieron que ajustarse. Pero reconocer eso no debería impedirnos observar el panorama completo.
Porque una cosa es afirmar que una obra no avanzó al ritmo prometido. Otra muy distinta es afirmar que no se hizo nada.
Y ahí es donde quizá la conversación pública se ha distorsionado.
Basta recorrer el área metropolitana para advertir que existe una cantidad inusual de infraestructura en construcción o recientemente concluida. Ahí están las Líneas 4 y 6 del Metro que, aunque no están terminadas, ya muestran viaductos, estaciones, infraestructura montada e incluso pruebas operativas de trenes. Ahí están también los nuevos camiones incorporados al sistema de transporte, las obras carreteras, los proyectos vinculados al Mundial 2026, el Parque del Agua, las intervenciones en Fundidora, los corredores urbanos, los parques lineales y diversas obras de regeneración urbana.
Vale la pena preguntarse cuántos gobiernos estatales recientes pueden presumir un volumen similar de proyectos ejecutándose de manera simultánea.
La respuesta no es tan sencilla.
Durante décadas, Nuevo León padeció un fenómeno curioso: gobiernos que prometían relativamente poco, ejecutaban poco, pero tampoco generaban grandes críticas porque la expectativa era baja. Hoy parece ocurrir lo contrario. La expectativa fue tan alta que el debate termina dominado por la parte de la meta que aún no se alcanza.
No deja de llamar la atención que una administración que está construyendo dos nuevas líneas de Metro al mismo tiempo sea juzgada principalmente porque esas mismas líneas todavía no han concluido.
Por supuesto que la ciudadanía tiene derecho a exigir resultados y a señalar retrasos. Para eso sirve precisamente el escrutinio público. Pero también habría que reconocer que existe una diferencia entre una obra retrasada y una obra inexistente.
Quizá dentro de algunos años, cuando las pasiones políticas se enfríen, resulte más fácil medir este sexenio con mayor objetividad. Tal vez entonces se pueda comparar cuántos kilómetros de infraestructura, cuántas obras de movilidad, cuántos espacios públicos y cuántos proyectos estratégicos se construyeron realmente en cada administración.
Y quizá entonces descubramos que el debate nunca debió centrarse exclusivamente en lo que faltaba por terminar, sino también en todo lo que sí se construía frente a nuestros ojos.
Compartir en: