Si Donald Trump contempla convertir a Estados Unidos en un país más caro —por los aranceles al resto del mundo y por el costo que representará producir ahí de nuevo, y no en China—, pues podemos predecir que algo de esos mismos efectos se vendrá para México, donde inevitablemente estamos integrados en una economía hemisférica.
De hecho, ya lo estamos viendo.
En el reporte de mayo de Banxico, ya publicado, se recorta por quinta ocasión el pronóstico del PIB para México, que baja de un crecimiento de +0.5% a sólo +0.2 por ciento.
El PIB proyectado para 2026 también baja, de 1.6% a 1.5 por ciento.
A la par, la inflación se proyecta más alta, al subir de 3.7 a 3.8%, y la tasa de interés se reduce de 8% a 7.75% para este año, bajando a 7% en 2026.
Sin embargo, no todos los signos son malos.
Al exentarse de aranceles ahora a las autopartes, que son el otro gran producto que exporta México a EUA, además de los carros, se garantiza que incluso los autos americanos que logren volver a ensamblarse allá para hacerlos “Made in USA” tendrán piezas hechas en México.
Tome usted esa analogía para todo lo demás: Trump buscará presumir que los bienes ahora estarán “fabricados en EUA”, pero quizá habría que aclarar que, más bien, estarán “ensamblados en EUA”, con muchas piezas presumiblemente hechas en México.
Está claro también que las inversiones mundiales siguen viendo a México como un destino atractivo y casi indispensable, y más ahora que somos de los pocos países prácticamente sin aranceles por parte de EUA.
Será interesante, por otro lado, ver el desarrollo del plan de Trump puesto en marcha.
En el escenario de que sí funcione, y Estados Unidos recupere en cierta medida su capacidad productiva, sus productos serán claramente más caros y estarán perfilados menos para la exportación que para el mercado interno.
Esto hará que el estadounidense, un ser consumista por definición, tenga que volverse poco menos consumista, pues le alcanzará para menos.
Habrá que ver cómo se da —si se da— esa transición, y si no conlleva costos sociales e inestabilidad política.
Lo cierto es que podría provocar que el propio México volteé hacia adentro, y comience a recuperar cierta capacidad de ser más autosuficiente, algo que se ha perdido, en buena medida, en la economía del libre comercio.
Y bueno, ya en el lado de lo increíble, nos debe llamar la atención la reciente noticia que dio la plataforma Temu, este gigante chino que le vende al mundo ya más de la mitad de lo que vende Amazon, al informar que, ante los aranceles, dejará de venderle a los consumidores estadounidenses los productos importados desde China, y sólo ofrecerá el inventario de las bodegas instaladas en EUA.
Habrá que ver cuánto dura el anuncio, pero, por lo pronto, es gracioso que si un estadounidense quiere comprar un producto chino de Temu, aprovechando los bajos precios, tendrá que cruzar la frontera al lado mexicano o pedirle a un amigo mexicano que se lo compre.
Antes buscábamos los productos baratos en Estados Unidos; ahora, ¿vendrán a buscarlos acá? ¿El mundo al revés?
El futuro inmediato nos depara sorpresas, pero el camino para México luce promisorio, con todo y las incertidumbres.
