La CFE dejó sin luz a cientos de miles de personas en el área metropolitana de Monterrey.
Fui personalmente a apoyar a los vecinos de Guadalupe que bloquearon el bulevar Miguel de la Madrid.
Tienen sus motivos para estar hasta la madre: llevan más de seis días sin luz.
La CFE no les dice para cuándo les restablecerá la energía eléctrica.
Ya se sabe que el calor extremo aumentó de golpe la demanda. Miles de aires acondicionados encendidos al mismo tiempo sobrecargaron los transformadores locales de las colonias.
Se entiende que estos equipos se calentaron hasta su límite. Las protecciones los desconectaron para evitar daños. Seguramente una falla sobrecargó los circuitos vecinos y se generó un efecto dominó.
La directora general de la CFE, Emilia Esther Calleja Alor, visitó Nuevo León en febrero. Ofreció garantías de suministro. Cinco meses después, el sistema falló en el peor momento.
Todo mundo tiene claro y sufre que la CFE cobra tarifas altas. Recauda miles de millones. Sin embargo, no invierte en transformadores modernos ni en redundancia.
Los siempre frívolos diputados locales presentaron un exhorto formal a la CFE para que informe causas, zonas afectadas, tiempos de respuesta e inversiones.
Puro teatro para medios. Solo fue teatro para los medios y para la prensa.
La red de energía eléctrica sigue envejeciendo. El mantenimiento sigue siendo insuficiente. El monopolio sigue sin incentivos reales de mejora.
Colonias enteras sufriendo cortes. Familias sin ventiladores. Comercios cerrados. Semáforos apagados. Agua que no llega. Y los legisladores inútiles emitiendo exhortos.
La CFE es responsable de no haber preparado la infraestructura que ya sabía que se necesitaba. Su modelo de monopolio estatal falla cuando más se le exige.
¿Y qué debemos hacer los vecinos? Documentar cada corte. Reportarlo sin excepción. Exigir auditorías de la red en el área metropolitana. Presionar directamente a la CFE y a quien corresponda.
Es eso o la resignación de que nuestras familias sufran insolación, comida podrida en los refrigeradores apagados y una sensación de impotencia que nada alivia y que, por lo visto, a ninguna autoridad federal le importa.
