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Opinión

Fuera celulares, bienvenida la amistad

Familia Viva

Queridos lectores

México no fue el primer país en restringir el uso de celulares en las escuelas. De hecho, se suma a una tendencia que se extiende rápidamente por el mundo. Para marzo de 2026, 114 sistemas educativos, equivalentes aproximadamente al 58% de los países, ya contaban con algún tipo de prohibición o restricción nacional sobre el uso de teléfonos celulares en las escuelas, de acuerdo con datos de la Unesco.

Sin embargo, la medida que próximamente entrará en vigor en nuestro país representa un cambio importante. A partir del 3 de noviembre, en educación inicial, preescolar, primaria y secundaria, los celulares y otros dispositivos personales deberán permanecer guardados durante la jornada escolar, incluyendo el recreo, salvo algunas excepciones relacionadas con actividades pedagógicas, emergencias, salud, discapacidad o necesidades particulares.

La iniciativa cuenta con el respaldo de las autoridades educativas de las 32 entidades del país. Además, en la consulta realizada al magisterio participaron más de 565,000 docentes y más del 81% se manifestó a favor de establecer reglas y lineamientos para el uso seguro y pedagógico de los dispositivos digitales.

Y es aquí donde quisiera que imagináramos dos escenarios.

En el primero, suena el timbre del recreo. Los niños salen del salón, buscan un lugar para sentarse, sacan su celular y comienzan a deslizar el dedo por la pantalla. Cada uno entra en su propio mundo. Videos, mensajes, juegos, notificaciones y redes sociales. Pueden estar rodeados de decenas de compañeros y, paradójicamente, estar cada uno por su lado.

En muchos casos se convierten en receptores pasivos de una cantidad enorme de información que ni siquiera pidieron recibir. El tiempo que podría utilizarse para conversar, jugar, imaginar o simplemente observar lo que sucede alrededor termina capturado por una pantalla.

Ahora imaginemos el segundo escenario.

Suena el mismo timbre. Los niños salen al recreo y alguno, casi por reflejo, mete la mano a la bolsa o abre su mochila buscando el celular. Pero esta vez tiene que quedarse guardado.

¿Y ahora qué hacemos?

Quizá ahí comienza lo verdaderamente interesante.

Habrá que voltear a ver al compañero. Hablar. Caminar. Inventar un juego. Reírse. Discutir y reconciliarse. Correr. Contar una historia. Aburrirse un poco. Observar. Imaginar.

En otras palabras: hacer amigos.

Y también crear.

Porque el aburrimiento no siempre es un enemigo que debemos eliminar inmediatamente. Cuando dejamos de llenar cada segundo con estímulos, nuestro cerebro tiene la oportunidad de imaginar, explorar y buscar algo nuevo que hacer.

No se trata de satanizar la tecnología ni de pretender que nuestros hijos crecerán en un mundo sin celulares. Eso sería absurdo. La tecnología forma parte de su vida y necesitarán aprender a utilizarla. Pero precisamente por eso necesitan también descubrir que existe una vida extraordinaria fuera de una pantalla.

La escuela podrá ayudarnos durante algunas horas del día. Pero entonces aparece una pregunta inevitable: ¿qué sucede cuando nuestros hijos regresan a casa y recuperan sus teléfonos?

Ahí comienza nuestra responsabilidad como familia.

Será necesario establecer horarios y límites claros, utilizar controles parentales adecuados para cada edad, evitar que el celular duerma junto a nuestros hijos y, quizá lo más difícil, poner nosotros mismos el ejemplo. No podemos pedirles que levanten la mirada de una pantalla si durante la cena nosotros tampoco somos capaces de hacerlo.

La escuela puede guardar el celular durante unas horas. La familia tendrá que enseñar a utilizarlo.

Tal vez esta nueva medida nos regale algo que parecía estar desapareciendo poco a poco de nuestros patios escolares: niños jugando, adolescentes conversando, nuevas amistades, risas, creatividad y hasta un poco de aburrimiento.

Porque una vida sin celular durante algunas horas no deja de ser vida.

Quizá, precisamente durante esas horas, nuestros hijos descubran cuánto puede suceder cuando levantan la mirada.

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