¿Ha cometido Trump sus dos mayores errores?
Sección Editorial
- Por: Luis Padua Viñals
- 14 Abril 2026, 04:58
¿Qué pasaría por la cabeza del presidente estadounidense, Donald Trump, cuando decidió que sería una buena idea criticar —y prácticamente insultar— al Papa León XIV, y más cuando los católicos representan más del 20% de la población de EUA?
Trump no necesita más enemigos, ni tampoco perder más seguidores, y menos ante su creciente pérdida de popularidad, la cercanía de las elecciones en su país y frente a un mundo enrarecido, en donde la diplomacia está cambiando de alianzas vertiginosamente.
Sin embargo, pareciera que esa reflexión no es parte de su ecuación, y menos cuando decide embestir verbalmente a quien no apoya sus ideas o acciones, o cuando quiere mostrar “bravura” en la lógica de amenazar para obtener ventaja en las negociaciones.
Y aunque esa imagen “envalentonada” le había funcionado medianamente bien, en términos prácticos, al menos durante buena parte de este su segundo mandato, en las últimas semanas, Donald Trump ha cometido los que podrían ser dos de sus más grandes errores como presidente.
El primero fue la amenaza vertida contra la nación iraní, irónicamente a pocas horas de anunciar el cese de las hostilidades y la paz temporal con el régimen islámico.
En uno de sus más polémicos y criticados mensajes de Truth Social, Trump escribió el 7 de abril que “esta noche una civilización entera morirá, para nunca regresar”, refiriéndose a los mayores ataques que haría EUA en Irán hasta el momento y que los llevarían “de regreso a la Edad de Piedra”.
Y aunque agregó después que “no quería que eso pasara”, remató con que “posiblemente ocurra”. El contexto del mensaje era enviar un ultimátum a Irán para negociar la apertura del estrecho de Ormuz, cosa que después se logró al aceptarse un plan de 10 puntos propuesto por el propio Irán, cuyo detalle sigue en debate internacionalmente y parece no conocerse cuál es la versión exacta que se aprobó.
El punto es que la amenaza que hizo Trump —consciente o inconscientemente— no iba contra el gobierno iraní, ni contra los ayatolas, sino contra la nación entera. Y como bien apuntaron algunas voces al momento, incluyendo a numerosos representantes demócratas, se trató de la primera vez en la historia que un presidente americano advertía con hacer desaparecer a una población entera, o como dijo Trump, a “una civilización”. Una amenaza inédita en EUA, donde el enemigo siempre era un gobierno, ejército o mandatario enemigo, pero nunca un pueblo; nunca la población civil.
Peor aún, como también se apuntó, amenazar con destruir a la población representa, internacionalmente, un “crimen de lesa humanidad”; incluso por el propio hecho de proferirse esa amenaza.
Expresarse de esa manera puso a Trump, lo supiera él o no, al mismo nivel que otras figuras políticas de corte dictatorial que la retórica estadounidense siempre ha atacado. Y lo más grave es que se trata de una declaración que ya no puede borrarse y que puede perseguirlo por largo tiempo, como un ejemplo de un acto profundamente inadecuado e incluso una violación a las leyes internacionales.
Se trató, para acabar pronto, de una “amenaza de genocidio”, que, de cumplirse, hubiera representado un genocidio pleno y llano.
Pero, si eso no fuera suficiente, la tarde de este domingo 12 de abril, Trump lanzó la más severa crítica que hasta ahora le ha hecho al Papa de origen estadunidense, León XIV.
Fue días después de que el Papa manifestó su rechazo a las declaraciones de Trump sobre Irán, cuando el presidente estadounidense publicó en su red social que la máxima figura del catolicismo “es débil contra el crimen y terrible para la política exterior”, y dijo que prefiere a su hermano Luis “mucho más que a él, porque Luis es MAGA”.
Agregó también: “no quiero un Papa que piense que está bien que Irán tenga armas nucleares” y “no quiero un Papa que piense que fue terrible atacar a Venezuela”; y, entre otras cosas de su largo post, mencionó que León XIV “no le cae bien”.
El primer problema de estas aseveraciones es que difícilmente van a ser bien tomadas por la comunidad católica, que sólo en Estados Unidos representa casi 70 millones de ciudadanos. De hecho, hubo un importante apoyo de católicos para elegir a Trump.
Si la intención de Trump es presionar a León XIV, o incluso erosionar la imagen del Papa, habría que pensar que el único resultado razonable será la erosión mayor de la propia imagen de Trump. ¿Quién, en su sano juicio, desde una posición de poder como la presidencia de EUA, y más en un año electoral, opta por proyectarse como enemigo del Vaticano y del Papa elegido por el propio Vaticano?
Ya no sabe uno qué rol está jugando verdaderamente Donald Trump. O tiene un as bajo la manga —uno muy difícil de entender—, o de plano ya no se da cuenta de que está alimentando su propia caída, y de forma cada vez más aprisa.
O, peor aún, como afirman algunos “conspiranoicos”, hasta pareciera que el objetivo es erosionar el propio liderazgo internacional de los Estados Unidos. ¡El mundo de cabeza!
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