Nuevo León está de luto.
Durante siglos, hemos tenido la fortuna de contar con mujeres y hombres ejemplares, neoleoneses que han dejado una huella permanente en la historia de nuestro estado gracias a su visión y humanismo. Ayer, lamentablemente, perdimos a uno de ellos: don Mauricio Fernández.
Mauricio fue un hombre de tradiciones, con la mirada puesta en el futuro. Un empresario exitoso, un personaje del saber y la cultura, un líder que le plantó cara al crimen para defender a Nuevo León. Trabajó toda su vida por las familias de San Pedro, compromiso que convirtió al municipio en uno de los más importantes de nuestro país, llegando a ser un ejemplo de seguridad y desarrollo urbano que nos permitió proyectar al estado a nivel internacional.
La grandeza de Nuevo León está en su gente: miles de personas resilientes e innovadoras, empáticas y valientes, que ante la adversidad siempre buscan el “cómo sí”. No cabe duda de que Mauricio Fernández nos demostró en vida que eso es verdad, poniéndose a sí mismo los más altos estándares y cumpliéndolos.
Don Mauricio no se va: se queda en el legado que construyó. Un municipio con mejor calidad de vida, una ciudad más segura, museos y colecciones que transmiten su pasión por la cultura. Pero su legado no se limita a una obra pública o un programa; su legado está en la visión de vida que adoptó; siempre ir más allá, siempre estar un paso adelante, no conformarse con lo que hacen los demás y romper los esquemas. Ese fue el espíritu de don Mauricio, un hombre que nos enseñó que lo imposible sólo es un reto más a superar.
Hoy ese ejemplo se queda con nosotros como una brújula que marca el rumbo de un Nuevo León más fuerte, que se construya con entereza, no con miedo; con compromiso, no con egoísmo; con trabajo en equipo, no de manera aislada. Y el mayor homenaje que podemos rendirle está en la acción: mantener viva su visión de un estado y una ciudad que mire siempre hacia adelante.
Hasta pronto, Mauricio. Gracias por todo.
