Opinión

Hay cosas que el dinero no puede comprar

Sección Editorial

  • Por: Luz María Ortiz Quintos
  • 23 Septiembre 2026, 00:00

Hay cosas que el dinero no puede comprar: lo verdaderamente esencial para la vida humana, como el tiempo, la salud, el amor sincero y la paz interior.

El tiempo

Cada segundo que pasa no se puede recuperar ni comprar con ninguna fortuna.

Hay una historia que relata la conversación de un niño con su padre. El pequeño le pregunta:

—Papá, ¿cuánto te pagan en tu trabajo por hora?

El padre, sorprendido, le responde:

—¿Por qué quieres saberlo, hijo?

El niño le contesta:

—Para pagarte una hora y que te puedas quedar conmigo.

Muchos padres, y ahora también muchas madres, justifican una vida ocupada por el trabajo con la necesidad de proveer a sus hijos de todo lo material.

Pero los niños, muchas veces, lo que más quieren es precisamente estar con sus padres.

Estamos de acuerdo en que la vida se ha vuelto más complicada, más cara y más competitiva; que existe una constante presión por poseer más cosas materiales. Pero la falta de interacción y de presencia con los hijos puede convertirse en las heridas del mañana.

La herida del abandono. Hoy vemos adultos que no llegan a hacerse cargo de sí mismos, que tienen dificultades para asumir responsabilidades de acuerdo con su edad biológica, posiblemente como consecuencia de heridas de la infancia. Ese sentimiento de soledad, de falta de identidad y de dificultad para discernir entre lo efímero y lo eterno puede acompañarlos durante gran parte de su vida.

La salud verdadera

Aunque la atención médica se paga, la vitalidad plena y la ausencia de ciertas enfermedades escapan al control del dinero.

¿Cuántas personas darían todo lo que poseen para comprar más años de vida, juventud o salud plena?

Se nos olvida que la vida es finita y que saber cuidar nuestra salud, lamentablemente, no siempre ocupa el lugar que debería.

La mala alimentación, los malos hábitos de sueño y descanso, la falta de esparcimiento sano y el exceso de adicciones terminan afectando aquello que el dinero no puede garantizar: nuestra salud y calidad de vida.

El amor sincero

Los afectos genuinos de pareja, familia o amigos se construyen con confianza, presencia y entrega, no con transacciones.

A pesar de conocer relaciones que se generan por conveniencia, quiero referirme al amor puro, verdadero y desinteresado; ese amor dispuesto a la donación, a la entrega, a la renuncia y al sacrificio del yo por un nosotros.

Vemos una desintegración y un desmoronamiento social por la falta de principios y convicciones morales. Hoy, la cultura del descarte parece promoverse hasta en el aire.

“Si no suma, que no reste”, decimos, y así vamos rompiendo lazos que podrían unirnos para construir una vida de aprendizaje, crecimiento y legado.

Es la cultura del yo, que se olvida del nosotros; una falta de empatía, comprensión y resiliencia que no solamente encontramos en las nuevas generaciones. También vemos a muchas personas adultas con comportamientos infantiles o propios de adolescentes, incapaces de asumir el compromiso que implica construir relaciones duraderas.

La paz mental

La tranquilidad interior y la felicidad genuina no tienen un precio en el mercado.

¿En dónde podemos encontrar la paz?

Tal vez la respuesta está en el interior de nuestra conciencia, en saber que tratamos de vivir una vida que sirve, que colabora, que ayuda y que participa en la construcción de ambientes de armonía y respeto.

Hay que reconocer que somos parte de un todo y que, en la medida en que seamos conscientes de nuestro poder interior, podremos elegir el bien, hacer el bien y pensar bien.

Volver al origen, al punto de partida, para recordar para qué nacimos.

Al final, mi nombre trascenderá por las buenas obras que haya realizado, por cuántas personas amé, ayudé y serví.

Porque la reputación nos acompaña en esta vida, pero también queda el legado que dejamos en los demás.

Y quizá ahí está una de las mayores riquezas que podemos construir: una vida que no se mide por lo que poseemos, sino por el tiempo que compartimos, la salud que cuidamos, el amor que entregamos, la paz que cultivamos y el bien que dejamos a nuestro paso.

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