Ayer, mientras buena parte de la clase política seguía entrampada en las mismas discusiones de siempre, en mi casa ocurrió una conversación que quizá explica mejor el futuro económico de este país que muchos discursos partidistas.
Emmanuel Loo, uno de los mayores expertos en nearshoring de México, charló conmigo sobre un fenómeno que reconfigura el poder económico global: la relocalización de empresas.
Dice Emmanuel que Nuevo León ya no está compitiendo contra Jalisco, ni contra Querétaro, ni siquiera contra Texas.
Está compitiendo contra Asia. Porque, mientras muchos todavía creen que el nearshoring significa solamente “traer fábricas”, lo que realmente ocurre es más profundo: se redibuja el mapa industrial del planeta y Monterrey se convierte en uno de sus puntos neurálgicos.
$125,000 millones de dólares en inversión extranjera directa que trajo la administración de Samuel García.
436 proyectos consolidados.
400,000 empleos anunciados.
Y quizá el aporte más impactante: uno de cada tres nuevos empleos que hoy se generan en México proviene de Nuevo León.
No habla Emmanuel de una racha económica favorable, sino de una mutación estructural.
Ya no se trata de maquila tradicional. Ese México quedó atrás. Lo que Loo me explicó es que el estado ya entró a la manufactura avanzada; a las ligas donde se juega la inteligencia artificial industrial, la automatización y las cadenas de suministro hipersofisticadas.
México solamente tiene dos plantas reconocidas como “Advanced Lighthouse Factories” por el Foro Económico Mundial y ambas están en Nuevo León: Lenovo y Schneider Electric.
Eso significa que operan con estándares tecnológicos comparables a los de Corea del Sur, Alemania o Singapur.
Durante años nos dijeron que China era imposible de reemplazar. Que competir contra Asia era una fantasía. Pero entonces llegaron los aranceles, la guerra comercial entre Washington y Beijing y el endurecimiento de las reglas del T-MEC. Y lo que parecía una amenaza terminó siendo una oportunidad para México y Nuevo León.
Porque ahora muchas empresas descubrieron que producir lejos ya no resulta rentable.
El costo logístico. El riesgo geopolítico. La vulnerabilidad de las cadenas globales. Los tiempos de traslado.
Todo empezó a pesar más que la mano de obra barata. Y entonces los nuevoleoneses aparecimos como la gran alternativa.
Para Loo, el verdadero poder del nearshoring no está en las grandes empresas que llegan, sino en la red invisible que se forma alrededor de ellas.
Más de 4,500 empresas internacionales ya están interconectadas en la región. Compañías que llegan a suelo de Nuevo León descubren que muchos de sus antiguos proveedores ya están instalados aquí mismo, a pocos kilómetros de distancia.
Es decir, el ecosistema industrial se autoalimenta.
Nuevo León, dice Emmanuel, deja de atraer inversión para convertirse en un hub estratégico global.
La competencia mundial ya no se gana ofreciendo incentivos fiscales. Hoy la batalla se gana con velocidad. Con burocracias digitales. Con capacidad de reacción. Con talento especializado. Con gobiernos capaces de abrirse a que una inversión arranque en semanas y no en años.
¿Está México preparado para aprovechar la oportunidad económica más importante de las últimas décadas? Nuevo León sí.
