Opinión

Hernán Gómez, en peligro: se lo advertí en mi casa

Sección Editorial

  • Por: Eloy Garza
  • 26 Junio 2023, 20:00

“Te cuidado, Hernán, puedes correr peligro”.

Eso se lo dije a mi amigo Hernán Gómez Bruera, hace algún tiempo en mi casa. Lo había invitado a comer y al calor de unas cervezas me confesó que estaba recabando información en San Pedro sobre Julio Scherer Ibarra.

Me acordé del consejo que lo dio hace muchos años el general Lázaro Cárdenas al ingeniero Heberto Castillo: “si te agarran, te van a matar”.

Que ese mismo grupo enquistado aún entonces en la cúpula del poder hubiera descarrilado la carrera de Omar Cervantes, uno de los mejores estrategas de comunicación institucional que tenemos en México, habla de la fuerza descomunal que poseía Scherer Ibarra.

Omar fue hostigado pero resistió firmemente para defender a su jefa Olga Sánchez Cordero, entonces secretaria de Gobernación.

Mi amigo Omar aguantó las duras embestidas y al final, para no afectar a su jefa, renunció al cargo de director general de Comunicación Social en Segob.

De hecho, una hora después de la comida en mi casa, con Hernán, se integró mi también amigo Omar Cervantes.

¿A dónde se dirigía Hernán con sus investigaciones sobre Scherer? A desenmascarar un entramado corrupto en la impartición de justicia de México, una pata coja en la 4T. Eso culminó en su libro: Traición en Palacio.

Yo mismo había sufrió en carne propia la corrupción del sistema judicial en México. El caso de un sobrino mío que cayó desde más de 10 metros de altura de un juego mecánico descompuesto en un parque de diversiones trasnacional me involucró en la peor experiencia de mi vida.

Se me vino encima lo peor del Poder Judicial en México. Todo porque se me había ocurrido demandar al parque.

De eso trata el libro de Hernán Gómez: de cómo la justicia se compra en México por gente como Julio Scherer Ibarra.

Jueces, litigantes, políticos, miembros del crimen organizado, y lo que se les llama intermediarios o brokers (agentes que hacen servicio a cambio de comisiones), operan el mercado de la justicia en nuestro país para negociar el fallo en el sistema de justicia.

Muchos despachos de abogados de renombre son brokers. Compran favores para que sus clientes queden libres aunque sean culpables, o se queden con herencias de familias multimillonarias. O se roben propiedades con notarios mafiosos, cómo está pasando en Monterrey ahora mismo con un tramposo de renombre.

Invirtiendo altas sumas de dinero y con palancas, te dan trato preferencial en los juzgados, locales y federales.

Por una lana, meten a la cárcel a tus enemigos o te dan tiempo para que te fugues en caso de una orden de aprehensión. Así se soborna a jueces o magistrados. Es el oficio de los abogánsteres.

El abogado que da los sobornos no suele ser el litigante que te representa; hace sus arreglos extralegales y para que no quede huella.

En México la justicia es una subasta secreta para ver cuál de las partes da más moche al juez.

¿Quieres saber cómo operan los abogánsteres en México y cuáles son los príncipes despachos de estos señores? El libro de Hernán te lo explica a detalle.

Muchas veces se han referido a despachos favoritos o de confianza que usan brokers o intermediarios en favor de sus clientes.

Hernán menciona entre otros a José Luis Nassar, Juan Collado (acusado por manejo irregular en cuentas bancarias de Andorra), Diego Fernández de Cevallos o Humberto Castillejos, ex consejero jurídico de Enrique Peña Nieto, entre otros.

Dicen que tienen acceso a información privilegiada de juzgadores y saben de antemano cuál será el fallo de sus casos. Muchos usan el mismo elevador de los fiscales estatales.

El cliente de estos abogados brokers nunca sabrá qué porcentaje le tocará al juez. O si realmente el abogado operó a favor del cliente por sus gestiones por debajo del agua.

En estos casos nunca hay certeza del destino del dinero invertido.

Y es que no siempre se trata de ganar un juicio, sino de alargarlo lo más posible, cansar a la contraparte, conseguir medidas precautorias. Como quien dice, patear el bote.

A veces, se engaña vilmente al cliente y después de exprimirle todo su dinero, se le hace perder el juicio en última instancia.

¿Quieres saber si las fiscalías estatales que ahora son autónomas del gobernador han servido para hacer más justas los fallos judiciales?

Házmelo saber abajo en los comentarios y déjame tu opinión. Mañana: nombres y apellidos de corruptos del Poder Judicial. 

Compartir en: