El martes 3 de noviembre iba escuchando la radio y no podía creer la noticia. Una amenaza de tiroteo había movilizado a la policía en un colegio al sur de Monterrey. Por un momento sentí que escuchaba una de esas noticias que llegan de Estados Unidos. Pero hablaban del colegio donde estudió mi hermano, a unos minutos de mi casa.
Según informaron medios locales, las autoridades revisaron el plantel y las clases se retomaron. Sentí alivio, pero también recordé dos hechos que nos dolieron en Monterrey. En enero de 2017 ocurrió un ataque armado en un colegio de la ciudad. En septiembre de 2018, un estudiante de una preparatoria privada perdió la vida dentro del plantel tras un disparo del arma de fuego que él mismo portaba.
A finales de abril, la Fiscalía de Nuevo León informó que había atendido 29 reportes de amenazas de tiroteo en escuelas en el transcurso de varias semanas. Ha habido alertas en planteles públicos y privados. Como madres y padres, queremos saber quién evalúa una amenaza, cómo se informa a las familias y a quién puede acudir un estudiante cuando algo le preocupa. Hay mucho trabajo para las autoridades, los equipos directivos y docentes. Y hay una parte que empieza en casa.
A veces creemos que todo lo que hicimos durante la crianza debería bastar para soltarlos en la adolescencia. Pero nuestros hijos e hijas crecen en un mundo distinto al nuestro. Antes, salir de la escuela podía darles un respiro de lo que había pasado en el salón. Hoy una burla puede seguir en el chat del grupo mientras nosotros creemos que están tranquilos en su cuarto.
En su libro Tormenta cerebral, el psiquiatra Daniel J. Siegel explica cómo se reorganiza el cerebro adolescente. La corteza prefrontal es una de las últimas regiones en madurar y participa en funciones como frenar un impulso, planear y sopesar las consecuencias de una decisión. Esas capacidades siguen afinándose, y ponerlas en práctica puede costar más bajo la presión del grupo.
Por eso me importa que nos tengan cerca, incluso cuando nos voltean los ojos o nos contestan “todo bien”. A veces la conversación que buscábamos en la cena ocurre en el coche. Y cuando por fin nos cuentan algo que llevaban días guardándose, toca escuchar antes de regañar.
En México, la Línea de la Vida ofrece apoyo emocional gratuito y orientación ante la ansiedad, la depresión, una crisis emocional o el consumo problemático de sustancias. También puede canalizar a atención especializada. Atiende las 24 horas en el 800 911 2000.
Si tienes a un adolescente cerca, abrázalo si se deja. Si hoy no quiere un abrazo, dile que aquí estás. Míralo a los ojos, aunque te los voltee. Y si buscas ideas para acercarte cuando hasta un “¿cómo te fue?” parece tocar una púa, te recomiendo el libro Cómo abrazar a un erizo, de Brad Wilcox y Jerrick Robbins.
Yo también soy mamá de adolescentes. También me preocupa el mundo en el que están creciendo y hay días en que me vendría bien hablar con alguien que esté pasando por lo mismo. Para eso está la tribu. Cuenta conmigo. Nos necesitamos unos a otros.
