Opinión

Ideología o democracia, esa es la pregunta

Sección Editorial

  • Por: Oscar Tamez
  • 16 Enero 2026, 00:00

El dilema central es cuál forma de Estado queremos: ¿una república o una tiranía? En Medio Oriente existen las teocracias, que son formas de absolutismo donde la calificación de buen o mal gobierno depende del gobernante en sí mismo.

Si es república, puede tener una forma de gobierno monárquica o democrática. Si es tiranía, es dictadura o absolutismo. Si es democracia, ésta puede cohabitar con una o un conjunto de las ideologías vigentes; si es dictadura, es bajo el yugo del poder represivo.

En la teoría política se reconocen seis grandes ideologías (Giddens, Eccleshall, Bobbio, entre otros autores): liberalismo, conservadurismo, socialismo-comunismo, anarquismo, nacionalismo o fascismo. De ellas, Bobbio señala que son tres clásicas: conservadurismo, liberalismo y socialismo científico (diferente al estatismo ruso).

Cada una de estas corrientes plantea su propia organización de gobierno, entendiendo que, al radicalizarse, terminan pareciéndose entre sí. Las ideologías definen las políticas públicas y programas de gobierno a seguir.

Sólo en las democracias se puede cohabitar con las ideologías, se puede gobernar en democracia con una u otra doctrina de las llamadas moderadas por Bobbio, siempre y cuando no se radicalicen; al radicalizarse, se extingue la democracia.

En las democracias, cualquiera que sea su organización (de esto abundaremos en otra columna, “Política e Historia”), se puede debatir si se es de izquierda o derecha. Al ser de izquierda o derecha, se puede ser nacionalista dentro de alguna de las formas de nacionalismo. En México, como en otras partes del mundo, el nacionalismo se equipara con soberanía popular (aunque esto es una falacia); el nacionalismo lleva a proteccionismos exacerbados, a racismos, clasismos, sectarismos religiosos y otras formas de identidad nacional.

En una sociedad democrática, la izquierda es igualitarista y argumenta ser progresista, aunque puede llegar al extremo de ser tradicionalista, regresiva o anacrónica. La derecha defiende el valor de las libertades con autoridad, las tradiciones y los valores estáticos, pudiendo llegar al extremo de violentar los derechos humanos al privilegiar su pensamiento.

Como se puede ver, ninguna de las ideologías es ideal para la democracia si se radicaliza; sí lo es para la tiranía, pues ambos extremos radicales terminan siendo iguales (Bobbio). Un dictador puede llegar por la izquierda o la derecha, pero acabará igual: reprimiendo, masacrando y violentando a su pueblo, extinguiendo las tres libertades base de la democracia: pensamiento, expresión y propiedad privada. Hacia allá se dirigen los gobernantes que llevan al extremo su ideología.

Para quienes defendemos la república como forma de Estado y la democracia como forma de gobierno, lo correcto es movernos ideológicamente en el centro moderado, donde se ejercen las libertades y los derechos humanos procurando las igualdades. ¿Cuáles igualdades? La igualdad frente a la ley, frente al acceso a la educación, empleo, salud, vivienda, competencia política y otras más; pero no la bisoña igualdad donde no existen ricos ni pobres. Esta utopía es discurso de tiranos y populistas.

Damos por afirmativo que usted, amable lector, disfruta y quiere seguir viviendo en una democracia donde goce de libertades y se procure la llamada “justicia social”. Es entonces que sólo en el centro de las ideologías se puede lograr este anhelo.

En lo que Anthony Giddens denomina la tercera vía, el centro moderado es el sitio donde se puede tener una ideología liberal con matices de igualitarismo y nacionalismo, o se puede ser socialdemócrata con respeto a las libertades y con un nacionalismo que permita la globalización cultural y económica.

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