Opinión

Importar fracaso: Podemos en NL

Sección Editorial

  • Por: Eloy Garza
  • 25 Septiembre 2026, 04:59

Acompañamos en Madrid a Ricardo Darín al teatro y antes comemos en una terraza del barrio de Salamanca. 

Darín es un genio de la actuación y sus opiniones políticas son de un artista con los pies en la tierra. Es un capo, como dicen en Argentina.  

En la terraza tomamos cava acompañados de puerros asados, hongos boletus y entrecot de plato fuerte. 

Departimos en la mesa, uno de los fiscalistas más prestigiados de España, Gustavo Kolchinsky; el gran intelectual y comentarista televisivo Ramón Bermejo; y Andrés Meza, que presentará su notable obra Mi jardín de las delicias en la FIL de Monterrey. 

Nos dice Ramón que México no necesita salvadores foráneos. Quieren llevar a la FIL a Juan Carlos Monedero o a Pablo Iglesias, charlatanes que se hicieron pasar por políticos en la corte de Madrid y que ahora cobran en varios gobiernos estatales de México. Ganan millones de pesos. Como si necesitáramos su sabiduría de quinta categoría. 

Aquellos que en su propia tierra española han demostrado ser un lastre, rémoras del presupuesto público, vienen a vendernos espejitos. 

La llegada de estos vivales de Podemos constituye un grave error; una dilapidación de dinero público. 

Bermejo no se anduvo con rodeos. Como buen español, señala que algunos gobernadores mexicanos están pagando “a plata limpia” a representantes de esa organización que en España es un rastrojo del pasado. 

Podemos, que llegó a capitalizar el descontento con un discurso de justicialismo radical y lucha de clases, según Bermejo, se encuentra hoy extinguido en el espectro político español. 

No ha aportado ni generacionalmente ni en resultados. La gestión efímera de Iglesias como vicepresidente del gobierno de Pedro Sánchez fue pésima. Sin embargo, él y los demás portavoces del progresismo light cruzan el Atlántico a vender el mismo programa fallido.

Según Bermejo, el mensaje que nos traen a México y probablemente a los nuevoleoneses es disgregador, no integrador. Habla de libertades mientras apuntalan regímenes autoritarios y cercenadores de la libertad de pensamiento como Nicaragua y la Venezuela de Maduro, hoy preso. 

Convierten a la población —en este caso a la mexicana y, si nos dejamos, a la regiomontana— en “infantería” para capturar poder y negar el valor del esfuerzo y del meritaje. 

Reducen todo a discursos programáticos que lo mismo repiten en Bogotá que en Puebla. Envenenan el futuro de las nuevas generaciones en América Latina.

Bermejo advierte que México no necesita de estos falsos mesías. Tenemos generaciones formadas en sus universidades públicas y privadas, con capacidad de reinvención. Tenemos una sociedad regiomontana compleja, dinámica, que ha sabido contemporizar desgracias y reinventarse. 

Lo que se requiere entonces es asepsia institucional, educación, valores y un Estado que no convierta la pobreza en clientelismo eterno. 

Las ayudas deben ser herramienta de superación, no de comodidad permanente. 

Nos sobran las consignas de Pablo Iglesias sobre un justicialismo que históricamente ha empobrecido a la población cuando solo se reduce a discursos políticos.

¿La recomendación de Bermejo? Dejar de pagarles en México. Hay talento nacional de sobra. 

Más vale correrlos de México. Este país no merece falsos bailaores flamencos de la política. 

En Nuevo León nos sabemos equivocar solos. Que nuestros ciudadanos gobiernen su propio destino con criterio, sin intermediarios que llegan a cobrarse charlas mientras su aporte en España fue “francamente nefasto y escaso”, remata Bermejo. 

Por cierto, lo que sí debemos llevar de Madrid a Monterrey es la obra de teatro que protagoniza actualmente Ricardo Darín Escenas de la vida conyugal —que es una adaptación del poderoso guion de Ingmar Bergman—, o bien, montarla en Nuevo León con talento local.

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