Inflación y gasto público: la peligrosa deriva del Banco de México al servicio del gobierno
Inteligencia Financiera Global
El Banco de México anunció una reducción de 25 puntos base en su tasa de referencia, que pasó de 8% a 7.75%. La decisión llega justo cuando el Inegi reporta que la inflación anualizada a julio fue de 3.51%, ligeramente por debajo de lo esperado.
Sin embargo, esta cifra “baja” no debe engañarnos: en un lustro, con esa tasa, el poder adquisitivo del peso se erosionaría cerca de un 19%. La inflación, aunque moderada respecto a meses previos, sigue siendo un problema estructural grave. El mandato constitucional del Banco de México es preservar el poder adquisitivo de la moneda.
Aun así, el propio banco se autoimpone una meta de 3%, con un techo “aceptable” de 4%, tolerando una pérdida constante del valor del dinero. Esto revela un problema de fondo: la inflación, más que un fenómeno natural, es una enfermedad económica generada por un sistema monetario basado en deuda y emisión de dinero fiat, que facilita el gasto público excesivo.
El gasto como motor: una falacia económica
El gobierno federal insiste en que incentivar el consumo mediante endeudamiento es la vía para “reactivar” la economía. Esta visión keynesiana, que asume que gastar más impulsa el crecimiento, ignora que primero hay que producir más. Hoy, la economía mexicana no enfrenta un problema de falta de demanda, sino de desconfianza e inversión productiva insuficiente.
Medidas como el aumento del gasto social por encima del billón de pesos, las reformas laborales improvisadas, el incremento arbitrario del salario mínimo y el control político del Poder Judicial han minado la certidumbre jurídica. El llamado nearshoring, que se presentaba como una oportunidad histórica, ha sido más una ilusión que una realidad: la inversión extranjera nueva está en mínimos históricos.
Banco de México: ¿árbitro o jugador del gobierno?
La decisión de bajar la tasa fue respaldada por los miembros de la Junta de Gobierno propuestos por la actual administración: Victoria Rodríguez Ceja, Galia Borja, José Gabriel Cuadra y Omar Mejía. El único voto disidente fue el de Jonathan Heath. Este alineamiento no es casual. En los hechos, el banco central parece haber priorizado los intereses del Ejecutivo sobre su misión de contener la inflación. Reducir las tasas favorece al gobierno en dos frentes:
1. Menor costo de la deuda interna: con un déficit creciente, el ahorro en intereses libera recursos para programas sociales, en lugar de destinarlos a sanear las finanzas públicas.
2. Estímulo artificial al consumo: al facilitar el crédito, se busca evitar que la economía caiga en recesión, aunque sea a costa de más inflación futura. Esta subordinación erosiona la autonomía del Banco de México y envía un mensaje preocupante a los mercados: la política monetaria podría estar supeditada a intereses políticos de corto plazo.
El costo para las familias mexicanas
La encuesta de la consultora Kantar, citada por El Universal, indica que seis de cada diez mexicanos están cambiando sus hábitos de consumo hacia marcas más baratas, reflejo de la pérdida de poder adquisitivo y del deterioro económico. A esto se suma el deterioro del sistema de salud público, que obliga a más ciudadanos a acudir al sector privado, encareciendo aún más su gasto. La inflación persistente es un impuesto silencioso que empobrece a todos, sin distinción de ingresos. Mantenerla “controlada” en 3.5% no es un éxito: es aceptar una erosión constante del patrimonio nacional.
La verdadera solución
El camino para recuperar la estabilidad económica no es bajar tasas y gastar más, sino: - Contener el gasto público y equilibrar las cuentas fiscales. - Garantizar seguridad jurídica y física a inversionistas y ciudadanos. - Detener la ofensiva política contra el sector productivo. - Renunciar a reformas populistas que dañan la competitividad. En lo personal, los ciudadanos no podemos influir directamente en las decisiones del gabinete, pero sí podemos protegernos: ajustar gastos, aumentar ingresos y transformar ahorros en inversiones reales que preserven y aumenten nuestro patrimonio. La inflación no desaparecerá sola. Y con un Banco de México alineado al Ejecutivo, el riesgo de que se agrave es alto. La defensa del poder adquisitivo ya no es sólo tarea de la política monetaria; es una responsabilidad individual.
