Opinión

Inútil documento federal que nos sirve en NL

Sección Editorial

  • Por: Eloy Garza
  • 23 Julio 2026, 04:59

El pasado mes de mayo, Claudia Sheinbaum firmó un Memorándum de Entendimiento con el Institute for Innovation and Public Purpose (IIPP) de University College London. Este instituto lo dirige la economista italiana Mariana Mazzucato. Su propósito es apoyar el diseño y aplicación de su agenda económica, incluido el Plan México. 

Las visitas de Mazzucato a Sheinbaum comenzaron en octubre de 2024 y se han repetido intermitentemente.  

Mazzucato se ha reunido también con secretarios como Marcelo Ebrard, de Economía, y Edgar Amador, de Hacienda.

¿Qué opinión tengo de Mazzucato? Que suele ser generalista, vaga y, muchas veces, obvia. Dicho de otro modo, no aterriza. 

Sin embargo, ya se le pagó su colaboración con el gobierno federal y de ahí nació un documento raro para, supuestamente, mejorar el Plan México. 

Se titula “Impulso al Contenido Nacional y al Financiamiento Estratégico para Pymes”, publicado recientemente, yo no sé por qué, de manera secreta. O sea, uno no puede tener acceso a él. Dato extraño, porque lo pagamos entre todos los mexicanos. 

En fin, el punto es que, aunque lo redactó Mazzucato con sus colaboradores, se alinea muy bien con el marco conceptual que ha desarrollado en libros como Estado emprendedor y La economía de misiones.

El diagnóstico consiste, básicamente, en que México tiene una industrialización trunca: las grandes empresas generan el 90.6% de las exportaciones manufactureras, pero representan apenas el 30% del universo industrial.

El valor agregado doméstico es bajo porque las cadenas dependen de insumos importados. La meta es subir 15 puntos porcentuales el contenido nacional en sectores estratégicos y llevar el crédito al 30% de las Pymes, utilizando compras públicas, registros de proveedores, contratos piloto y la banca de desarrollo (Nafin y Bancomext). 

Hasta aquí, todo bien. De hecho, en 2024 Bancomext ya había elevado su cartera 38.5% y Nafin manejaba $558.900 millones de pesos en créditos y garantías. O sea, nada nuevo bajo el sol de Mazzucato. 

Coincido, eso sí, en varios puntos; por ejemplo, convertir esa demanda pública en contratos vinculantes y evitar que el financiamiento se concentre solo en las Pymes ya conectadas.

¿Pero cuáles son mis recelos frente a las recetas de Mazzucato? Las que suelo reprocharle a sus libros. 

Los datos duros en los que se basa no son reales. En este caso, los datos de vivienda y salud entre 2018 y 2025.

En realidad, la construcción de vivienda se estancó y 24 millones de personas perdieron acceso efectivo a servicios de salud, con cuatro millones menos de consultas. Ni modo. Las cosas como son. 

Mazzucato también se hace la desentendida respecto de la abolición de los fideicomisos de ciencia y del uso de la inversión pública como variable de ajuste del déficit. 

Cito a Gerardo Flores Ramírez, de El Economista: el documento no menciona el desmantelamiento de la banca de desarrollo y pasa por alto que la meta de inversión de 25% del PIB para 2026 apenas llegó a 21.1% en el primer trimestre.

Para acabar pronto, Mazzucato diagnostica bien el problema de bajo valor agregado y crédito insuficiente, pero no ofrece ningún remedio de fondo.

¿Nos sirve de algo a los nuevoleoneses ese documento a pesar de los pesares?

En cierta forma, sí. Nuestras cadenas de suministro siguen importando una proporción alta de componentes intermedios. 

Cualquier instrumento que fuerce o incentive mayor contenido nacional —registros de proveedores, contratos públicos con umbrales de contenido local, factoraje inverso y garantías de la banca de desarrollo— beneficia a los proveedores de segundo y tercer nivel de nuestro estado.

El gobierno estatal y el sector privado de Nuevo León pueden tomar tres piezas útiles del documento y desechar el resto. Por un lado, convertir la demanda pública y privada en contratos vinculantes de desarrollo de proveedores, no en simples “ferias de vinculación”. Por otro, usar la banca de desarrollo y mecanismos de garantía para llegar a las Pymes que de verdad necesitan capital de trabajo y tecnología, no solo a las que ya están en las cadenas de las grandes armadoras.

Y, finalmente, retomar de Mazzucato la idea de diseñar “misiones” locales con métricas de valor agregado doméstico y no solo de empleo o inversión anunciada.

En Nuevo León tenemos una ventaja que Mazzucato no menciona: aquí hay instituciones estatales sólidas y un sector privado que ya sabe operar con disciplina de mercado.

El Plan México de Mazzucato y compañía es un mapa muy imperfecto dibujado por consultores que prefirieron no mirar las grietas del cliente. Pero lo pagado, pagado está; así que saquémosle algún provecho.

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