Ron_Rolheiser_1x1_269c01155c
Opinión

Asuntos pendientes y la Comunión de los Santos

Espiritualidad

Cuando yo era niño, como parte de nuestra oración familiar, solíamos pedir una muerte feliz. En mi mente juvenil tenía cierta idea de cómo sería eso. Una muerte feliz consistiría en morir en gracia, cálidamente acogido en los brazos amorosos de la familia y la Iglesia, en plena paz con Dios y con los demás, y habiendo tenido tiempo para pronunciar unas últimas palabras de amor y gratitud.

Lamentablemente, no todos mueren de esa manera.

Los accidentes, las circunstancias desafortunadas y la complejidad de las relaciones humanas a veces conspiran de formas funestas para que las personas mueran en situaciones lejos de ser ideales: enfadadas, en situaciones comprometidas, sin perdonar, amargadas, inmaduras o sin haberse reconciliado.

A veces, también la propia causa de la muerte revela una partida poco feliz: embriaguez, sobredosis de drogas, depresión, imprudencia o suicidio. La muerte a menudo sorprende a las personas antes de que hayan tenido la oportunidad de decir y hacer aquello que propicia una despedida en paz. Invariablemente, quedan asuntos pendientes.

Todos conocemos ejemplos de esto: un hombre que muere en un accidente tras haber dirigido palabras de ira a su familia; una mujer que fallece por sobredosis sin haber hablado con los suyos en años; un colega que se quita la vida; un amigo que muere amargado, incapaz de perdonar; o, simplemente, el ser querido que fallece de un infarto repentino antes de poder pronunciar sus últimas palabras de amor y despedida. Rara vez las personas mueren sin tener asuntos pendientes.

El dolor que esto provoca puede perdurar mucho tiempo. Recuerdo haber aconsejado una vez a un hombre de unos cincuenta años que aún cargaba con el dolor y la culpa por la muerte de su madre, ocurrida hacía más de cuarenta años. Lo habían llevado junto al lecho de su madre en el hospital, pero él no sabía que ella se estaba muriendo. Ella le había pedido un abrazo y él —un niño asustado y reticente ante aquella situación tensa— se había echado atrás. Al día siguiente ella murió, por lo que su último recuerdo de su madre fue haberse negado a abrazarla. Cuarenta años después, aún no había logrado hacer las paces con aquel hecho. Muchos de nosotros hemos perdido a seres queridos con quienes teníamos asuntos pendientes: una herida nunca sanada, una injusticia nunca reparada, una amargura que nunca se disipó. La muerte nos ha separado y esos asuntos siguen, precisamente, inconclusos, dejándonos con el lamento: “¡Ojalá hubiera otra oportunidad!”.

Pues bien, existe otra oportunidad. Una de las doctrinas cristianas más consoladoras (aunque a menudo olvidada) es la creencia en la Comunión de los Santos. Es una doctrina consagrada en el propio Credo de los Apóstoles y nos invita a creer que mantenemos una comunicación vital con quienes han fallecido. Además, nos dice que la comunicación que ahora tenemos con ellos está libre de muchas de las tensiones que condicionaban nuestra relación cuando estaban vivos.

Por tanto, creer en la Comunión de los Santos significa creer que aún podemos atender los asuntos pendientes de nuestras relaciones, incluso después de la muerte. En pocas palabras, podemos seguir hablando con los difuntos y expresar —incluso ahora— palabras de amor, perdón, gratitud y arrepentimiento que, idealmente, debimos haber dicho antes. De hecho, en el marco de la Comunión de los Santos, la reconciliación que no logramos alcanzar mientras esa persona vivía puede producirse ahora con mayor facilidad. ¿Por qué?

Porque, dentro de la Comunión de los Santos, nuestra comunicación con el difunto goza de un carácter privilegiado. La muerte purifica, aclara la perspectiva y elimina gran parte de las tensiones relacionales. ¿Por qué afirmo esto? Porque tanto la fe como la experiencia nos lo enseñan.

Por ejemplo, todos hemos vivido situaciones en las que —ya sea en el seno de una familia, un círculo de amigos, una comunidad o un grupo de compañeros de trabajo— surge una amarga tensión con alguien y esta se enquista hasta provocar una ruptura irreparable. Han ocurrido cosas que ya no tienen remedio. Entonces, la persona que originaba la tensión fallece, y su muerte lo cambia todo. De un modo singular, la muerte trae consigo una paz, una claridad y una comprensión que antes no eran posibles.

¿A qué se debe esto? No se debe simplemente a que la muerte haya alterado la dinámica del grupo o a que —como podríamos concluir simplistamente— haya desaparecido la fuente de la tensión o la amargura al morir la persona que la causaba. Esto sucede porque, tal como enseña Lucas en su relato de la Pasión, la muerte puede purificar y liberar el perdón, del mismo modo que Jesús perdonó al buen ladrón en la cruz mientras moría.

Esto debería ser un inmenso consuelo. Si estamos atentos a la Comunión de los Santos, aquello que no logramos llevar a la plenitud y a la paz en esta vida puede completarse después.

Seguimos manteniendo una comunicación —una comunicación privilegiada— con nuestros seres queridos tras la muerte.

Una de las maravillas de esto es que, incluso después de la muerte, aún tenemos la oportunidad de arreglar aquello que no pudimos reparar antes de que la muerte se llevara a un ser querido.

Ron Rolheiser, OMI
www.ronrolheiser.com

más del autor

Nuestros corazones, a veces mezquinos

John Muir preguntó una vez: “¿Por qué los cristianos son tan reacios a...

Una ingenuidad del corazón

La oscuridad solo es mala porque existe la luz. El pecado solo puede ocurrir...

La puerta estrecha

¿Qué es lo que hace a un padre?

Mi padre falleció hace cincuenta y seis años, a altas horas de una noche de...

últimas opiniones

El ejemplo de McCain y cómo México va en contra

Hubo un tiempo en que la política todavía conservaba ciertos límites. Se...

Contar paisanos no es cuidarlos

Los cruces y carreteras de Tamaulipas siguen siendo el paso obligado porque...

El ausente de la trama

El dedo en la llaga. La reconocida periodista y escritora Anabel Hernández...

A recuperar el esplendor del Centrito

Parece que en San Pedro decidieron apostar fuerte por Centrito Valle. A...

×