Opinión

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Sección Editorial

  • Por: Alejandra Sanchez
  • 13 Marzo 2026, 02:00

Acaba de pasar una celebración más del 8M, y creo sin lugar a dudas, que cada año se sube un escalón más hacia cambios positivos de visibilización, sensibilización y transformación. Gracias a este evento, llegó a mí un documental español llamado: Ellas en la ciudad que habla de la fuerza de mujeres que ayudaron a realizar cambios sustanciales en proyectos habitacionales y urbanos en Sevilla, en los años ochenta y noventa. 

Las ciudades españolas en ese momento vivían un despertar después del franquismo y, como resultado, la mancha urbana crecía a la periferia y con ello surgían grandes bloques de vivienda con torres y más torres. 

Proyectos que representaban a inversionistas, hombres hambrientos y arquitectos hombres, creando proyectos a marchas forzadas. Se hicieron proyectos fast-track “vacíos de alma”, “vacíos de una verdadera vida”.

Cuando las familias llegaron las que se dieron cuenta de esos vacíos, fueron las mujeres, esas que verdaderamente estaban habitando esos espacios, tanto interiores como exteriores. 

Torres de cinco niveles sin elevadores, pasillos diminutos, plazas sin sombra (los veranos en Sevilla son de 50 grados), sin transporte público, calles sin asfaltar, sin escuelas, centros de salud ni farmacias. Viviendas pensadas solo para el hombre que llegaba, comía, dormía, se bañaba y al otro día la misma rutina.

Se armó un grupo de más de 100 mujeres que se organizaron, se movilizaron y se levantaron para ir a hablar con las constructoras, con el municipio, con el estado, exigiendo habitabilidad. Fue algo histórico, trascendental, tanto que hubo un antes y un después de todo ese movimiento. 

Ahora, cada que surge un proyecto, debe pasar por filtros de la municipalidad, reglamentos y sociedad civil. Esto nos recuerda la importancia de escuchar a las personas que van a usar esos posibles espacios antes de imponer un diseño de escritorio.

En México, en Monterrey y en muchas ciudades de la República, estos problemas son cosa de todos los días; parece que asuntos como la habitabilidad de las viviendas, de colonias o barrios, no tuvieran nada que ver con las vidas de las personas.

También desde la perspectiva de género se conoce el patrimonio cultural, las ciudades, el urbanismo, la educación y lo más importante: Se hace política pública.

Por eso es sumamente relevante que este tipo de cuestiones se sensibilicen en las escuelas de arquitectura, diseño y urbanismo. Irónicamente, más del 80% de los talleres de diseño arquitectónico de las universidades en México son impartidos por hombres.

Los cuales, la gran mayoría, no realizan actividades de limpieza, trabajo doméstico o realización de alimentos. Lo que conlleva a que se basen en prototipos de libros o en proyectos de otros países que carecen de habitabilidad real y de costumbres mexicanas.

Hay varios colectivos en España que se dedican a llevar a constructores y arquitectos a vivir una semana en sus proyectos para comprobar cómo funcionan sus ideas en la práctica, y los resultados han sido extraordinarios. Si quieren saber más de estos temas, se encuentra otro buen documental llamado: Calle Ancha, fin de siglo de Jorge Arenillas.

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