Jornada Mundial de los Abuelos
Sección Editorial
- Por: Anam Cara
- 28 Julio 2023, 16:44
Jornada Mundial de los Abuelos. Para hablarnos del reino de Dios, Jesús usa las parábolas. Cuenta historias sencillas, que llegan al corazón de quien lo escucha; y este lenguaje, lleno de imágenes, se asemeja al que muchas veces usan los abuelos con los nietos.
De ese modo, comunican una sabiduría importante para la vida. Recordando a los abuelos y a los ancianos, raíces que los más jóvenes necesitan para llegar a ser adultos. Comparto tres episodios del Evangelio que tienen en común: El crecer juntos.
En la primera parábola, son el trigo y la cizaña los que crecen juntos, (cf. Mt 13,24- 30). Es una imagen que nos ayuda a hacer una lectura realista: En la historia humana, como en la vida de cada uno, coexisten las luces y las sombras, el amor y el egoísmo.
Es más, el bien y el mal están entrelazados hasta el punto de parecer inseparables. En la narración los siervos querían arrancar la cizaña inmediatamente (cf. v. 28). Es una actitud animada por una buena intención, pero impulsiva, incluso agresiva.
Es una tentación frecuente: Una “sociedad pura”, una “Iglesia pura” pero, para alcanzar esa pureza, se corre el riesgo de ser impacientes, intransigentes, incluso violentos hacia quien cayó en el error.
Escuchemos en cambio lo que dice Jesús: «Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha» (cf. Mt 13,30). Qué hermosa esta mirada de Dios, su pedagogía misericordiosa, que nos invita a tener paciencia con los demás, a acoger —en la familia, en la Iglesia y en la sociedad— la fragilidad, los retrasos y los límites.
La segunda parábola. El reino de los cielos, dice Jesús, es la obra de Dios que actúa de manera silenciosa en la trama de la historia, hasta el punto de parecer una acción minúscula e invisible, como la de un pequeño grano de mostaza.
Pero, cuando este grano crece, «es la más grande de las hortalizas y se convierte en un arbusto, de tal manera que los pájaros del cielo van a cobijarse en sus ramas» (Mt 13,32)
Pienso en los abuelos, hermosos como estos árboles frondosos, bajo los cuales los hijos y los nietos realizan sus propios “nidos”, aprenden el clima de familia y experimentan la ternura de un abrazo.
Se trata de crecer juntos. la tercera parábola, en la que crecen juntas la levadura y la harina (cf. Mt 13,33). Esta mezcla hace crecer toda la masa. Jesús usa precisamente el verbo “mezclar”, que evoca ese arte que conlleva «la mística de vivir juntos, de mezclarnos, de encontrarnos, de tomarnos de los brazos», y de «salir de sí mismo para unirse a otros» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 87).
Esto vence los individualismos y los egoísmos, y nos ayuda a generar un mundo más humano y más fraterno. De ese modo, hoy la Palabra de Dios es una llamada a vigilar para que nuestras vidas y nuestras familias no marginen a los más ancianos.
A las religiosas de María inmaculada misioneras claretianas. Vuestro itinerario me recuerda al pasaje de Emaús. Podemos reconocer en el relato de Emaús los principales elementos del proceso sinodal que estamos viviendo en la Iglesia: Encuentro, participación, diálogo, comunión, misión.
Y esto es lo que también ustedes quieren vivir y ofrecer desde la particularidad de vuestro carisma, uniéndose al camino de la Iglesia universal. Quisiera destacar, a partir del nombre de la Congregación, tres notas que son las características de vuestra vocación: Ustedes son marianas, misioneras y claretianas.
Son marianas, el Inmaculado Corazón de María las acompaña, les señala al Sagrado Corazón de su Hijo y les dice: «Hagan todo lo que Él les diga» (Jn 2,5). Es curioso, la actitud del alma de María, es siempre esta: Señalar a Jesús, señalar a Jesús.
Como misioneras, llevan el mensaje de Jesús allí donde son enviadas, con la confianza y la ternura de María para hacer presente en el mundo su Reino de amor. Y también son claretianas, hijas de san Antonio María Claret; un santo pastor, misionero y fundador.
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