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Opinión

La arquitectura paralela: ¿huachicol fiscal en Monterrey?

Agenda Poder

Frente a mí, el exprocurador de Justicia de Nuevo León daba vueltas al hielo en su vaso de whisky. Parecía emular el giro del ventilador de techo. La mirada triste de quien ha visto demasiados expedientes que nunca llegaron a un juez.

—Un millón de litros en Cadereyta… —le dije—. Y días antes, 1.2 millones en Allende. Ya no hablamos del delincuente en huaraches que ordeña el ducto con una manguera de jardín.

El exprocurador sonrió.

—¿Delincuente en huaraches? —pensó para sí—. Ese fulano es la escenografía, Eloy. Lo que encontraron ayer en Cadereyta, esos silos verticales, los autotanques, las motobombas, eso requiere ingeniería, contadores, agentes aduanales, firmas de abogados en San Pedro.

—… y silencio institucional —lo interrumpí yo.

Entonces el exprocurador me explicó que hay un momento en que la realidad deja de ser un expediente subterráneo y se convierte en un hecho político imposible de disimular. Las tramas funcionan mientras son opacas. Pero cuando necesitan infraestructura, permisos y circulación financiera, empiezan a emitir señales visibles para todo el sistema.

—Es el mal llamado huachicol fiscal, o, más correctamente, el contrabando de hidrocarburos —le dije—. Y parece que, después de una década, su propio tamaño lo está delatando.

El abogado me señaló con el dedo índice.

—¡Exacto! Esa es la arquitectura paralela. Ya no es una anomalía marginal. Es una industria. Y una de ese tamaño no cabe debajo de un tapete.

Le recordé las cifras que el investigador Raúl Olmos acaba de documentar en su libro sobre el tema: cómo el negocio explotó con la apertura energética de Peña Nieto, disfrazado de simulación aduanera y evasión del IEPS.

—Hablamos de un daño fiscal de $600,000 millones de pesos —completó el exprocurador y bajó la voz, mirando de reojo al cantinero—. Durante años, el Estado toleró estas redes porque, de alguna manera perversa, subsidiaban los costos del sistema formal. Gasolina más barata, transporte más barato. Pero ¿qué pasa cuando una red ilegal crece a ese nivel? Tocar esa logística hoy significa meterse con circuitos financieros formales. ¿Hasta dónde puede avanzar el Estado sin tumbar su propia economía? Nuestra tierra es el laboratorio ideal: por el volumen económico, todo termina brotando a la superficie.

Salimos de la cantina y el calor seco nos recibió de golpe.

Caminamos hacia su camioneta blindada.

—A veces —recapacitó el exprocurador antes de abrir la puerta—, como decía el expresidente de España, Felipe González, también se muere de éxito.

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