Toda la carne al asador… toda. Esa será la estrategia de las dos coaliciones que se perfilan para disputar las diputaciones el próximo 7 de junio. Las dirigencias nacionales del PRI-UDC y Morena-PT realizarán recorridos durante estos días en distintos municipios de Coahuila, especialmente en aquellos que consideran sus bastiones.
Este fin de semana —aprovechando el escándalo en Sinaloa— el dirigente del PRI estuvo en la capital y sostuvo reuniones con la dirigencia estatal para reforzar las campañas con toda la estructura nacional. “Nos los vamos a clavar, pero bonito”, repitió varias veces a los ciudadanos que se le acercaban, en referencia a los candidatos de Morena.
El líder priista tiene claro que cuentan con dos semanas para terminar de posicionar en el electorado la narrativa contra quienes prometieron ser el cambio y ahora enfrentan señalamientos por presuntos vínculos con el narcotráfico. Con la ficha roja de Interpol contra Rocha Moya, “Alito” respiró con mayor tranquilidad, ya que percibía el avance de sus contrincantes en Coahuila.
Los guindas también se movilizarán con fuerza. Esta semana, la dirigencia nacional, junto con Ariadna Montiel y Luisa María Alcalde, volverá a Coahuila con la consigna de bajar la intensidad del escándalo. Buscarán reforzar tres regiones clave: Sureste, Laguna y Norte. Veremos de qué cuero salen más correas.
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Incompetencia, incapacidad o desdén. O las tres. El problema de las peleas y conflictos entre pandillas en colonias de la capital sigue creciendo sin control.
Aunque las autoridades insisten en que mantienen el control en la totalidad de las colonias, lo cierto es que cada fin de semana aumenta el número de enfrentamientos protagonizados por jóvenes e incluso menores de edad, sin que la Comisión de Seguridad logre contenerlos. Son verdaderas batallas campales que involucran a decenas de participantes, conflictos que se arrastran desde hace años y que continúan alimentando el resentimiento generación tras generación.
Existen múltiples argumentos que intentan justificar la falta de acciones contundentes, algunos de ellos válidos, pero ninguno explica cómo estos grupos continúan operando y generando violencia —incluso con víctimas mortales— de manera recurrente. Sí, la percepción de seguridad puede ser alta a gran escala, pero situaciones como estas alimentan la desconfianza y el enojo de la ciudadanía.
¡¡Yássas!!
