La denuncia como coartada
Sección Editorial
- Por: Daniel Santos Flores
- 26 Octubre 2026, 00:00
Denunciar una y otra vez la presencia del crimen organizado en una ciudad, llevar versiones inventadas o a medias a un consulado, señalar adversarios en entrevistas y repetir acusaciones sin sustento no te convierte en la parte limpia de la historia.
Y es que una cosa es acudir ante una autoridad con información cierta, sustentada y con elementos que puedan comprobarse, y otra muy distinta es utilizar esos espacios para colocar enemigos políticos dentro de una narrativa criminal y presentarse a sí mismo como alguien completamente ajeno a todo aquello que denuncia. La denuncia puede servir para llamar la atención sobre un problema real, pero también puede utilizarse políticamente para construir una imagen propia, sobre todo cuando quien acusa necesita convencer a los demás de que él está del lado contrario de aquello que señala.
En psicología existen conductas que ayudan a entender este tipo de comportamiento. Una de ellas es la proyección: eso ocurre cuando una persona coloca en otros aquello que le resulta incómodo reconocer en sí misma. Otra es la sobrecompensación, sucede cuando se construye con demasiada insistencia una imagen precisamente en el terreno donde existe mayor vulnerabilidad. Por eso resulta muy interesante que ciertos personajes repitan prácticamente el mismo discurso en entrevistas, reuniones y hasta frente a autoridades estadounidenses, siempre colocando a los adversarios en la acera de enfrente y presentándose como quien supuestamente quiere combatir al crimen.
Señalar a otros no borra tus relaciones, no borra tus antecedentes, no borra tus intereses ni tus contradicciones, pero sí puede servir para intentar fijar una idea muy sencilla ante los demás: si yo soy quien denuncia el problema, entonces difícilmente puedo formar parte de él.
La tesis es bastante sencilla: acusar a otros no te vuelve inocente, y repetir muchas veces una historia no la convierte en verdad. Eso cambia la lectura de sus acusaciones: ya no es suficiente con escuchar lo que dice de los demás; también hay que revisar desde qué posición lo dice y qué busca conseguir con tanta insistencia. A partir de ahí, lo relevante ya no es solamente la acusación, sino también el interés detrás de ella. Las denuncias pueden dejar de servir para esclarecer un problema y empezar a funcionar como herramienta para golpear adversarios, distraer la atención o adelantarse a cuestionamientos que algún día podrían caer sobre quien hoy acusa.
Veredicto final
“Eliot Spitzer hizo gran parte de su carrera como fiscal general de Nueva York persiguiendo delitos y llegó a desmantelar redes de prostitución; algunos años después, siendo gobernador, fue identificado como cliente de una red de prostitución de lujo y terminó renunciando en 2008. Denunciaba con ferocidad algo de lo que era parte. La denuncia como coartada, pues.”
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