El Papa León XIV: El Reino de Dios revela su inestimable belleza de diversas maneras, pero llama a todos, hombres y mujeres, jóvenes y adultos mayores, pobres y ricos, a una profunda renovación. Todos pueden comprenderlo y se sienten atraídos por él.
ENCUENTRO DE ORACIÓN Y FRATERNIDAD "CÁNTICO DE PAZ”
Estimados jóvenes de Uganda, de Tierra Santa y de Italia, ¡bienvenidos!
Es una alegría compartir estos momentos. Acabamos de escuchar su hermoso canto.
La música tiene la extraordinaria capacidad de unir voces diferentes en una armonía, en la que cada una aporta algo único al conjunto. El coro se convierte en símbolo de concordia y cooperación.
Es significativo que las Sagradas Escrituras y la liturgia de la Iglesia hablen de coros de ángeles y santos al describir la alegría del cielo, no porque canten literalmente todo el tiempo, sino porque, unidos en el amor, contemplan a Dios juntos y encuentran en Él la plenitud de la felicidad.
Mis queridos jóvenes amigos, al cantar, ¿han notado cómo la música nos ha involucrado a todos en una experiencia nueva, algo que era más grande de lo que cada uno de nosotros hubiera podido crear por sí solo? Esta es la experiencia de la belleza. Nos abre un nuevo horizonte y despierta en nosotros el deseo de ir a su encuentro.
Cuando nos dirigimos hacia ese horizonte, descubrimos no simplemente algo, sino a Alguien. Nos encontramos con Dios, nuestro Creador. Así como podemos seguir un arroyo hasta su manantial, así también la belleza de la música nos invita a encontrarnos con Aquel que es la Belleza misma. En este sentido, sigan cultivando los dones que Dios les ha dado y dejen que los guíen hacia Él.
El Señor es todo lo que buscamos en la vida, aquel que solo puede dar paz a nuestros corazones inquietos.
Recuerden que han sido creados para grandes cosas y que el mundo entero no basta para saciar su sed de sentido y felicidad. Sepan también que el Santo Padre los ama y reza por ustedes, por sus familias y por sus países.
En particular, rezo para que la paz reine en sus hogares y en todos aquellos lugares del mundo que siguen sufriendo a causa de la violencia.
Por último, quisiera agradecer a la Fundación Andrea Bocelli por la labor que realiza en favor de los jóvenes que enfrentan desventajas educativas y sociales. A través del poder de la música, están contribuyendo a la misión
de la Iglesia de promover el desarrollo integral de cada persona, al servicio del bien común. Que Dios bendiga sus esfuerzos.
Encomendándolos a la intercesión de María, nuestra Madre, imparto con gusto a cada uno de ustedes mi afectuosa bendición.
ÁNGELUS.
Queridos hermanos y hermanas:
En el centro de la enseñanza de Jesús se encuentra el misterio del Reino de Dios, que el Evangelio de hoy compara con una perla y un tesoro
(cf. Mt 13,44-52).
Las parábolas dan a entender la sorpresa de quien encuentra lo que ni siquiera podía esperar, hasta el punto de que vender o dejar todo ya no parece una renuncia, sino una ganancia.
De hecho, desde las primeras páginas, los evangelistas describen el llamado de Jesús a seguirlo como algo irresistible: libre, sin duda, pero urgente y capaz de suscitar una respuesta inmediata y movida por el deseo. Este es un primer aspecto importante de la forma en que Dios está cerca y se deja encontrar: el encuentro con su Reino es un punto de inflexión que no limita, sino que amplía la vida. Si algo debe cambiar ahora, es para tener más posibilidades, no menos.
La Iglesia es una comunión de personas diferentes en cuanto a origen, cultura, habilidades y nivel de responsabilidad, pero todas llamadas a reconocerse como “uno” en Jesucristo: Él es el tesoro escondido, la perla preciosa, la red que recoge al que está disperso.
No nos queda más que pedir un don, el mismo que pidió el joven rey Salomón (cf. 1R 3,5.7-12).
Es el don de identificar la perla de gran valor, de saber reconocer el tesoro por el que vale la pena venderlo todo.
Mientras que la industria del consumo nos altera el gusto, creando siempre nuevas necesidades para luego vendernos respuestas que no sacian y, a veces, envenenan el corazón, debemos aprender a captar lo que realmente importa: el tesoro de la relación con Dios, que nos abre a la alegría y nos ayuda a vivir mejor las relaciones entre nosotros.
