Opinión

La educación no admite pretextos

Sección Editorial

  • Por: Protágoras Coahuilense
  • 21 Septiembre 2026, 04:50

El colmo de la ineficiencia. Es lunes, estimados lectores, y han pasado ya dos semanas desde el arranque del ciclo escolar, pero la ineficiencia de la Secretaría de Educación sigue quedando de manifiesto.

Aunque usted no lo crea, Emanuel Garza ha mostrado incapacidad y desdén hacia los estudiantes de Coahuila. Sus discursos inflados, vacíos y sin sentido en torno a la filosofía de la educación representan pura verborrea que poco o nada contribuye a resolver problemas tan simples en los más de 3,500 planteles que existen en el estado.

Aunque resulte difícil de creer, en este momento hay escuelas sin clases por falta de agua, por problemas de drenaje e incluso por la ausencia de un maestro. Su ego y su incapacidad son tan grandes que no le han permitido definir soluciones sencillas para atender esos inconvenientes.

Resulta ofensiva su ignorancia y su pasividad. No logra entender dónde está parado. No analiza, no resuelve y, en consecuencia, hoy cientos de alumnos son víctimas de su ineptitud.

Su ego y sus carencias lo exhiben. Las escuelas que llevan semanas ofreciendo clases en línea son ejemplo de su torpeza y de la de sus subalternos. Seguiremos contando los días para saber cuánto tiempo más tardará en resolver problemas que, para cualquier funcionario eficiente, deberían ser elementales.

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Qué tan mal estarían las cosas en la administración del extinto Román Alberto Cepeda que las cabezas de algunos de sus colaboradores más cercanos siguen cayendo. Esta vez tocó el turno del excontralor Óscar Luján, por presuntas inconsistencias y anomalías detectadas tras una auditoría realizada por la nueva administración.

Los detalles probablemente no los conozcamos, pero lo que sí nos gustaría saber es qué tan podrido estaba todo aquello y por qué tantos optaron por tolerarlo. En el Congreso, el diputado Antonio Attolini lo denunciaba con frecuencia, aunque muchos lo tachaban de exagerado.

También queda la duda de por qué la Auditoría Superior guardó silencio durante tanto tiempo. ¿Será que, si Román Alberto Cepeda siguiera vivo, el cochinero continuaría disperso sin que nadie dijera nada?

Y ahora habrá que ver hasta dónde está dispuesto a llegar su sucesor. ¿Buscará que las investigaciones lleguen hasta sus últimas consecuencias o preferirá guardar silencio por respeto a quien ya no está? La respuesta importa, sobre todo porque muy pronto hará oficial su intención de buscar la reelección.

¡¡Yássas!!

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