La educación en México pasa por el peor momento del siglo XXI. Las mediciones internacionales establecen que hemos retrocedido en comprensión lectora, razonamiento lógico-matemático y, en general, en los indicadores de medición.
La prueba PISA (por sus siglas) es un instrumento internacional estandarizado que busca medir los avances de la educación en los países participantes. Su punto de partida es el mismo que conocemos en los discursos políticos: “la educación es el motor del desarrollo personal y social en los pueblos”.
Antes de su utilización, entre los años 1994-1995, en Nuevo León, el entonces secretario de Educación, Edilberto Cervantes Galván, instrumentó evaluaciones con el interés de medir, evaluar y, conforme a los resultados, implementar estrategias de mejora continua en las cuales los docentes se capacitan y los educandos aprenden conforme al modelo educativo surgido en la reforma de 1993, en donde la base de la educación cambiaba de estar centrada en el docente a centrarse en el educando.
Sus gestiones llevaron a que el año escolar 1994-1995 se estableciera como el año del español y las matemáticas en todas las escuelas de la entidad. Ello, acompañado de capacitaciones surgidas desde estrategias didácticas prácticas y aplicables en español y matemáticas.
La capacitación recorrió Nuevo León; se impartió lo mismo en primarias que en secundarias, aplicando adecuaciones a las estrategias y con funcionalidad en zonas urbanas de diversos estratos y regiones rurales.
La primera prueba PISA inició en el año 2000. Entre las naciones que podemos llamar fundadoras en esta medición internacional de los avances en educación se encuentran Dinamarca, EUA, México, Finlandia y Japón, entre otros 22 países, en los que se incluyen algunos con gobiernos socialdemócratas y otros de los mal llamados neoliberales.
Del continente americano sólo los miembros del entonces TLCAN participaron: Canadá, EUA y México. El gobierno federal en los recientes ocho años ha pretendido desacreditar la aplicación de esta evaluación en nuestro país, el argumento es que no se puede medir por igual a México que a Italia, Alemania, Suiza y otro grupo de naciones.
Si seguimos la lógica del gobierno federal de no medirnos entre pares con potencias económicas y otros no tan potencias, entonces ¿por qué pretender competir en futbol, clavados, natación, caminata y otras tantas actividades, incluyendo ciencia y tecnología, en donde escolares nuevoleoneses han demostrado ganar competencias en las cuales vencen a los líderes de las nuevas tecnologías como Japón, Corea, China y más?
La calidad educativa se alcanza con mediciones donde se encuentran fortalezas, oportunidades y debilidades. Con acciones remediales para mejorar las áreas de oportunidad o las debilidades y superar las fortalezas.
La autocompasión de definirnos como inferiores a otras naciones no beneficia a la educación; los retos, las iniciativas de mejora, esas sí contribuyen a mejorar.
Los resultados de PISA son desastrosos, pero no hemos tocado fondo. La generación Covid, esos que cursaron de primero a tercer grado de primaria en los años 2020 a 2022, aún no se miden por la prueba PISA.
Las generaciones del Covid tienen, en muchos casos, deficiencias en comprensión lectora, en el análisis lógico-matemático y en el manejo de la lengua. Se le insistió al presidente López que emprendiera un programa emergente remedial, con contenidos mínimos en conocimientos específicos para fortalecer el español y las matemáticas, pero su tozudez y fanatismo ideológico le impidieron pensar como estadista.
¡Veamos a PISA como un medio para parecernos en educación a Dinamarca!
