Hoy te escribo desde un avión. Voy de Monterrey a Madrid en un viaje con 17 amigas de toda la vida, y vamos a hacer el Camino de Santiago, en España.
Hace unas horas estábamos desayunando en el aeropuerto y todas coincidamos en lo bendecidas que nos sentimos de poder realizar algo así.
Se tienen que juntar muchos factores para poder salirnos de nuestras rutinas de mamás, esposas y profesionistas, y darnos una escapada entre amigas.
También coincidíamos en que muchas personas a las que les contamos de esta aventura que estamos por hacer nos decían que les parece increíble tener una amistad de tantos años en un grupo tan numeroso. Y de eso te vengo a hablar hoy: de que la familia también es aquella que eliges, los amigos que cuidas y procuras durante muchos años para que sigan estando en tu vida.
Las personas que han ido al Camino de Santiago dicen que hacer esta peregrinación es muy parecido a la vida misma, en la que habrá días buenos y otros días no tan buenos: unos cansados, otros muy motivados y otros lluviosos. Y que también el camino, como en la vida, hay personas que se quedan contigo por un tiempo y luego desaparecen, y otras que permanecen durante todo el camino.
Las mujeres con las que viajo en esta ocasión son justo eso: las personas que han permanecido conmigo desde que éramos niñas en preescolar, en un colegio católico al sur de Monterrey. Y hoy, acercándonos a nuestros 45 años, seguimos compartiendo la vida con todo lo que vivimos.
Dentro de los talleres que doy para empresas y equipos, al hablar de resiliencia o de inteligencia emocional, siempre es muy importante tocar el tema de la importancia de tener una red de apoyo: esas personas en las que puedes confiar y que, sin miedo a equivocarte, van a estar ahí cuando las necesitas. Esto lo puedes encontrar en tu familia, en tus amigos o con compañeros del trabajo.
A nivel mundial se vive una gran pandemia de soledad; esto lleva a las personas a sentirse deprimidas o ansiosas.
¿Cuál ha sido la clave para poder hoy celebrar nuestra amistad que ha durado tantos años? Yo pienso que los ingredientes secretos para esta amistad de tantos años son varios: el respeto, la tolerancia, la empatía, el amor, y procurar hacer experiencias y momentos que nos unan. Estar en las buenas, pero aún más en las malas.
Y creo que uno de los ingredientes más importantes para amistades duraderas es no tener miedo a mostrarnos tal y como somos, ser capaces de compartir nuestra vulnerabilidad y estar abiertos a contener la vulnerabilidad del otro. Esto me recuerda a una autora que me gusta mucho: Brené Brown. Es una socióloga, investigadora y autora de varios libros; ella nos dice que mostrarnos vulnerables es un signo de valentía y no de debilidad. Porque al mostrarnos auténticos, sin pretender nada, es entonces cuando se desarrollan las mejores amistades.
Los seres humanos somos empáticos por naturaleza, y cuando estamos con alguien que se siente vulnerable, aparece la solidaridad y la creatividad para dar consejos, ideas o simplemente acompañar al que lo necesita.
Hoy te invito que observes y reconozcas quiénes son tu familia por elección —es decir, tus amigos— y cuáles de ellos son esa red de apoyo que te ayuda a salir adelante en las buenas y en las malas. Y, por último, también te invito a pensar en para quién tú eres su red de apoyo o para quienes podrías serlo. Todos necesitamos sentirnos vistos y acompañados.
Gracias por leerme. Te escribo el próximo miércoles sobre cómo nos fue en la semana de aventura en el Camino de Santiago.
Te deseo un buen viaje, dondequiera que estés.
