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Opinión

Amores Perros

Cinefotógrafo y catedrático de la Carrera de Producción Cinematográfica de la UDEM. Contacto en mariogduenas@gmail.com @duenasmariog

El principio de la nada, el inicio del fin y, al final, solo quedó el desenlace. Hace 26 años llegó como una jauría salvaje la película que marcaría para siempre la cinematografía nacional.

Un espectáculo soberbio a tres pistas con un entramado digno de un homenaje a la Nueva Ola Francesa, pero con un ritmo más vertiginoso que Pulp Fiction.

Se abre el telón y el público no estaba preparado para lo que venía. Tres historias convergen mediante un choque espectacular que nos dejó mudos, sumergiendo a la sala en un silencio absoluto. ¡Qué manera de romper el hielo y capturar la atención de la gente! ¡Abróchense los cinturones!

Pero, querido lector, debemos entender que este film no nació de la improvisación. Al contrario, el guion fue esculpido y reescrito por Guillermo Arriaga, un autor consagrado. La fotografía corrió a cargo de Rodrigo Prieto, quien utilizó la técnica de Bleach Bypass (retención de plata en el negativo) para crear ese look tan sucio, tan crudo, tan visceral.

Todo esto, bajo la dirección magistral de Alejandro González Iñárritu, dio pie curiosamente al inicio del nuevo siglo y del milenio.

Se orquestó una logística titánica, digna de un desembarco en Iwo Jima. Pero el éxito nadie se lo quita: arrasó con premios nacionales e internacionales, fue nominada al Óscar y ovacionada en Cannes mientras los espectadores conectaban con lo que estaban sintiendo.

¿Qué haces cuando todos los espectaculares de la ciudad muestran la misma imagen? ¿Qué haces cuando la juventud corre a comprar el soundtrack doble? ¿Qué ocurre cuando MTV repite sin cesar los videoclips de la cinta? Lo que sucede es magia pura: la taquilla explota y una película se convierte en el culto de toda una generación.

Sería una victoria pírrica limitarse a hablar de los primeros pasos de su creador. La verdadera gloria está en ver la obra, vibrar con su música y, posteriormente, adentrarse en el universo del director mexicano más laureado de la historia.

Amores Perros tal vez no sea la mejor película nacional (para mí lo es), pero sin duda ya habita en las páginas eternas del séptimo arte. Fue la chispa exacta en el momento perfecto, el Big Bang que obligó a todo su equipo fílmico a dar un volantazo radical en sus carreras y vidas profesionales.

Hace 26 años se escribió esta historia. Hace 26 años, Amores Perros caló hondo en el alma del público, marcando un antes y un después en la forma de hacer y devorar cine, le pese a quien le pese.

A modo de cierre, quiero dedicar este artículo a los hermanos de mi padre y a mi padre mismo, quienes formaron parte de muchas pláticas sobre este tópico hace más de dos décadas. Asimismo, te lo dedico a ti, querido lector: déjate llevar por esos amores perros y, por favor, nunca dejes de creer en tus sueños.

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