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Opinión

El repudio hacia Andysito

Consultor en estrategia, negociación, comunicación y manejo de crisis. Colabora en distintos medios como analista político enfocado en el poder, sus decisiones y sus consecuencias.

No todo se hereda, y es que por más que algunos crean que el apellido alcanza para todo, Andrés Manuel López Obrador, guste o no, es un hombre querido por millones. Construyó una narrativa, recorrió el país, entendió el enojo social y lo administró, supo hablarle al pueblo, y convirtió su figura en un movimiento político. Podrán estar de acuerdo o no, pero negar que tiene talento sería absurdo.

El problema es que su hijo, Andrés Manuel López Beltrán, parece convencido de que todo eso se transfiere como si fuera una propiedad, un negocio, una amistad o una herencia familiar. Se puede heredar nombre, apellido, fortuna, contactos, aliados, operadores y hasta la comodidad de vivir rodeado de gente que aplaude cualquier ocurrencia, pero lo que no se hereda es el talento, y tampoco se hereda el carisma, y mucho menos se hereda el “don de gente”. Eso fue lo que quedó claro en Chihuahua, cuando Andy llegó junto con Ariadna Montiel en medio de la movilización de Morena para exigir juicio político contra la gobernadora Maru Campos, bajo el discurso de la defensa de la soberanía nacional. La idea era mostrar fuerza, estructura y músculo, pero el resultado fue todo lo contrario. En el aeropuerto lo recibieron con gritos de “Fuera Morena”, abucheos, empujones y reclamos, todo quedó captado por las cámaras, y eso rápidamente se volvió viral. Chihuahua es un estado polarizado, también es un estado donde Morena enfrenta resistencia social y política, sin embargo es justamente ahí donde se mide a un político, en terreno adverso, en la incomodidad, en el reclamo, en el momento donde no todos te aplauden porque eres hijo de quién eres, y ahí fue donde Andysito mostró que una cosa es tener apellido y otra muy querer ser su padre.

Y es que si tuviera una pizca del carisma de AMLO, la historia habría sido distinta; si tuviera oficio, habría leído el momento; si tuviera el “feeling”, habría cuidado la llegada, y si tuviera manejo de medios, habría convertido el reclamo en una salida decorosa, pero no fue así, terminó encapsulado, escoltado, abucheado y reducido a lo que hoy muchos ya ven en él: un “nepobaby” que cree que el país le debe algo porque se apellida López. Ese es el problema de fondo. Andy cree que Morena es una herencia familiar, que las estructuras se obedecen por memoria, que los militantes se alinean por nostalgia y que el pueblo lo va a recibir con cariño porque alguna vez recibió con amor a su padre, y ahí está el error, la gente puede querer a López Obrador y al mismo tiempo no sentir nada por su hijo; puede respetar la historia del padre y rechazar la soberbia del heredero.

Ya se vio en Durango, donde como operador político demostró que no cuenta con las credenciales necesarias. Morena y sus aliados enfrentaron una derrota relevante en la capital del estado, nada nuevo. Ahora se vio en Chihuahua, donde como político tampoco cuaja, no levanta, no conecta, no emociona, no comunica y parece más cómodo moviéndose entre oficinas, y grupos de confianza que enfrentando una plaza complicada. La política real no se hace solo entre cercanos, se hace dónde te aplauden, pero también donde te gritan, donde puedes entrar a un lugar hostil y salir más fuerte. Andy entró a Chihuahua y salió exhibido.

Si a todos esos fracasos le sumamos que desde hace tiempo existen investigaciones sobre la llamada red de amigos de Andy, con contratos, obras, negocios y proyectos relacionados con el gobierno federal. Por ejemplo, Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad documentó una red de personas cercanas a él beneficiadas con negocios vinculados a proyectos emblemáticos del sexenio anterior; tanto el cómo sus hermanos  han negado esas acusaciones y las han calificado como parte de una campaña en su contra… y eso también lo exhibe como un incongruente: El hijo del hombre que construyó su carrera denunciando a la mafia del poder terminó rodeado de señalamientos que se parecen demasiado a todo aquello que su padre juró combatir.

Por eso lo de Chihuahua importa, no porque le hayan gritado en un aeropuerto, sino porque fue una fotografía de lo que se les viene. El hijo del expresidente llegó pensando que encabezaba una causa y terminó enfrentando rechazo; llegó a hablar de soberanía y terminó protegido por escoltas; llegó como dirigente y salió como alguien que no entendió el terreno que pisaba.

Morena todavía puede cargarlo en sus estructuras, sus aliados todavía pueden cuidarlo y sus cercanos todavía pueden decir que todo es guerra sucia, pero hay algo que no pueden fabricar, y es la aceptación popular. El cariño, el liderazgo y el respeto no se heredan

Veredicto final

“Aproximadamente el 70 % de las empresas familiares fracasan o se venden antes de llegar a la segunda generación. Además, de ese 30 % que logra sobrevivir, solo cerca del 10 % al 15 % consigue pasar a una tercera generación…” Así más o menos.

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