Opinión

La inteligencia artificial y el reto de aprender

Sección Editorial

  • Por: Luz María Ortiz Quintos
  • 19 Agosto 2026, 00:00

Dinamarca encontró una forma bastante directa de comprobar si un estudiante realmente hizo su tarea o simplemente dejó que una inteligencia artificial la hiciera por él: ahora tendrá que defenderla hablando frente a sus profesores.

Desde agosto de 2026, determinados estudiantes de educación secundaria superior deberán explicar oralmente los trabajos importantes que hayan preparado en casa. Los profesores podrán preguntarles sobre los argumentos, las fuentes, el método utilizado y las conclusiones. La idea es sencilla: un texto puede generarse con inteligencia artificial en cuestión de segundos, pero defenderlo sin comprenderlo es mucho más difícil. 

La medida afectará especialmente a unos 9,000 alumnos que cada año realizan uno de los principales trabajos escritos del sistema educativo danés. Además, las escuelas deberán aumentar las actividades escritas bajo supervisión y aplicar controles informáticos durante los exámenes, incluyendo herramientas para vigilar el uso de las pantallas y limitar el acceso a determinados servicios. 

El gobierno asegura que no busca eliminar la inteligencia artificial de las aulas, sino evitar que las calificaciones reflejen lo que sabe hacer una máquina en lugar de lo que realmente aprendió el estudiante. La decisión plantea un debate que probablemente veremos cada vez con mayor frecuencia: si la inteligencia artificial puede escribir prácticamente cualquier tarea, ¿ha llegado el momento de que las escuelas dejen de evaluar solamente lo que el estudiante entrega y comiencen a comprobar si realmente comprende lo que escribió? 

Inmersos en un mundo de tecnología avanzada, se presentan nuevas áreas de oportunidad que requieren mayor supervisión y control académico. Me sorprendió gratamente escuchar a un grupo de formación juvenil que reprobaba los trabajos de resumen que presentaban sus integrantes después de haber escuchado un tema determinado. Los trabajos eran rechazados cuando se comprobaba que no habían sido escritos por los propios jóvenes, sino elaborados mediante inteligencia artificial.

Nuevamente se comprueba que los valores universales, la ética y la moral siguen siendo ejes fundamentales en la formación de la persona. Y qué bueno que los propios jóvenes mantengan y respeten sus reglas de aprendizaje dentro de sus grupos juveniles.

La tecnología puede ayudarnos en gran medida, pero la persona debe aportar su talento, su pensamiento y su capacidad para aprender.

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