En ocasiones la política suele distraerse en lo inmediato y en la rentabilidad electoral de cada declaración, hay temas que exigen algo más que discursos: requieren método, coordinación institucional y, sobre todo, voluntad para incomodar.
La diputada Katalyna Méndez lo entendió al sentar en la misma mesa al DIF Tamaulipas, a la FENNAM y a la Fiscalía General de Justicia del Estado para revisar, con lupa, el andamiaje jurídico que hoy enfrenta, o debería enfrentar, la pornografía infantil y otros delitos que laceran a niñas, niños y adolescentes en el estado.
No fue una reunión protocolaria. Ahí estuvieron Sandra Castillo Villegas, Jorge A. Galván y Leonardo Reta Ramos por el DIF; la Mtra. Mireya Maldonado Villegas y Aida N. Márquez desde la FENNAM; Jorge Luis Pedraza Ahumada por la Fiscalía; además de Juan Lorenzo Ochoa García como Secretario General del Congreso, es decir, quienes operan la ley, quienes litigan la protección y quienes pueden reformarla.
Esa fotografía institucional, si se traduce en resultados, podría marcar una diferencia en un terreno donde la impunidad digital avanza más rápido que la legislación. Porque el punto ciego no está solo en la severidad de las penas, sino en la capacidad real de investigar delitos que se cometen en entornos virtuales, muchas veces desde el anonimato y con redes que trascienden fronteras. ¿Está Tamaulipas preparado técnicamente para rastrear, judicializar y sancionar estas conductas? ¿Existen protocolos homologados entre procuración de justicia y asistencia social para evitar la revictimización? ¿Hay presupuesto suficiente o se quedará todo en buenas intenciones?
En ese contexto, hay que reconocer la visión y la valentía de la diputada, porque enfrentar este fenómeno implica tocar intereses oscuros, romper zonas de confort institucional y asumir el costo político de poner sobre la mesa un tema que muchos prefieren tratar en voz baja.
Apostar por fortalecer el marco jurídico en defensa de la infancia no es una bandera cómoda, es una decisión de fondo que exige carácter, constancia y una convicción clara de que la niñez no puede esperar.
Si este esfuerzo se traduce en un marco jurídico robusto, en capacitación especializada y en coordinación permanente, entonces no será una reunión más, sino el inicio de una política pública que ponga al centro a quienes no tienen voz, pero sí derechos.
ROBERTO LEE PISA TIERRA EN MATAMOROS
En la política mexicana abundan los discursos que prometen transformar al estado desde un templete, pero escasean los liderazgos que entienden que la verdadera legitimidad se construye pisando tierra, escuchando reclamos y resolviendo problemas.
Por eso vale la pena detenernos en lo que ocurrió en el ejido El Caracol, en Matamoros, lejos del reflector fácil y más cerca de la realidad cruda.
Roberto Lee, presidente estatal de Movimiento Ciudadano en Tamaulipas, no fue a inaugurar una obra monumental ni a cortar el listón de un proyecto millonario; fue a algo más elemental y, por eso mismo, más profundo: mejorar el camino al panteón comunitario. Y quien no entienda el simbolismo de ese gesto quizá no ha vivido en una comunidad rural. El acceso al cementerio no es solo infraestructura; es dignidad, memoria, respeto por los que ya no están y consideración por los que se quedan. Laura Rodríguez lo había pedido. No desde la estridencia, sino desde la necesidad.
Más de quince asentamientos dependen de ese camino: Las Palmas del Caracol, Las Glorias, Las Carolinas y otros ranchos que rara vez aparecen en los mapas del poder. Aquí es donde conviene hacer una pausa crítica. ¿Por qué una comunidad tiene que esperar a que un dirigente partidista atienda algo que debería ser prioridad institucional? Ese es el punto ciego de nuestra política municipal y estatal: la distancia entre el escritorio y el ejido.
Lee parece haber entendido que si quiere hablar de “EL NUEVO NORTE”, primero tiene que recorrer el viejo surco, el camino roto, la brecha olvidada. El banderazo no fue un acto protocolario vacío. Después vino el almuerzo compartido, la conversación sin micrófonos, la invitación a participar en ese proyecto que él llama EL NUEVO NORTE, que no pretende ser solo consigna electoral sino una narrativa de integración social. Mayra Sámano, Ilse Gallegos y Mónica Benavides acompañaron la jornada, pero el protagonismo fue de la comunidad, que mantiene limpio su panteón aun cuando el acceso estaba en condiciones precarias.
¡¡Yássas!!
