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Opinión

Entre la prisa y el olvido

El diván interior

Hay lugares que guardan historias, recuerdos y preguntas. Lugares donde podemos encontrarnos con el pasado, sorprendernos con el presente o simplemente mirar el mundo con otros ojos. Los museos son uno de ellos. Sin embargo, en México seguimos teniendo una relación distante con estos espacios. 

Datos recientes del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) muestran que durante 2025 los museos del país recibieron $52.2 millones de visitantes. 

La cifra es mejor que la de años anteriores y muestra una recuperación importante después de la pandemia, cuando apenas se registraron 12.8 millones de visitas en 2020. Pero aún estamos lejos de alcanzar los 75 millones de visitantes que se registraron en 2017.

La pregunta entonces es sencilla: ¿qué nos está alejando de los museos?

Las respuestas que dieron miles de mexicanos llaman la atención. La principal razón es la falta de difusión o simplemente el desconocimiento: muchas personas no saben qué exposiciones existen o qué pueden encontrar dentro de un museo. 

Después aparecen razones que retratan nuestra realidad cotidiana: la falta de cultura o educación, la falta de tiempo y algo que quizá pocos dirían abiertamente, pero muchos reconocen: la desmotivación o la flojera.

Lo curioso es que la percepción muchas veces no coincide con la realidad. Casi seis de cada diez museos en México son gratuitos. Muchos ofrecen visitas guiadas, actividades culturales, talleres y experiencias pensadas para toda la familia. Algunos incluso cuentan con accesibilidad para personas con discapacidad y otros servicios que buscan acercarse a más visitantes.

En Nuevo León, por ejemplo, 47 museos recibieron 4.7 millones de personas este año, ubicándose entre los estados con mayor afluencia del país. Eso significa que sí existe interés y que sí hay una oferta cultural importante cerca de nosotros.

También hay un dato que merece especial atención: el 67% de los visitantes señaló que durante su infancia recibió un estímulo familiar para visitar museos o espacios similares. Esto quizá explique mucho más de lo que parece. 

Porque el gusto por la cultura rara vez nace por casualidad; generalmente comienza con una invitación, una salida en familia, una excursión escolar o alguien que nos toma de la mano y nos dice: “Vamos a conocer algo nuevo”.

Al final, visitar un museo no es únicamente mirar objetos detrás de un cristal. Es abrir una ventana a otras historias, a otras ideas y también a nosotros mismos.

Y quizá la próxima vez que tengamos un fin de semana libre, valga la pena cambiar unas horas de pantalla por unas horas de descubrimiento. Tal vez, sin darnos cuenta, estemos a una visita de encontrar algo que nos inspire.

Porque a veces lo que creemos lejano está a unas cuantas calles de distancia.

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