En Reynosa, una diputada local anda metida en las colonias. No en el templete ni en el corte de listón, sino en la banqueta, donde el agua no llega y el alumbrado lleva meses fundido.
Ahí anda Magaly Deandar. Y conviene detenerse en ese hecho, porque en esta ciudad caminar las colonias es la excepción, no la regla.
Démosle su justa dimensión. Que alguien sostenga que “la mejor manera de conocer lo que vive la gente es estar en las colonias, escucharla y mantener una comunicación permanente con los ciudadanos” suena a frase de manual. Pero el manual casi nadie lo cumple. Tocar puerta por puerta construye lo que el dinero de campaña no compra: confianza. Y rumbo a los próximos comicios, ese capital vale oro.
Hasta aquí la parte buena. Ahora la difícil. Reynosa no es una ciudad cualquiera: medio millón de personas, frontera disputada, agua que escasea por estructura, colonias enteras sin servicios y una migración que la volvió sala de espera de un drama humanitario. Aquí está el nudo: escuchar no es solucionar.
Entre la libreta donde se anota el reclamo y la calle pavimentada hay un abismo de presupuestos amarrados y competencias traslapadas entre municipio, estado y federación. Ese es el reto real para Deandar. La cercanía abre la puerta, pero no entrega la casa. Reynosa ya escarmentó: no preguntará a cuántas colonias fue, sino cuántos reclamos se volvieron obra.
Magaly Deandar está haciendo lo difícil: estar. Le falta lo más difícil: resolver.
Escuchar es un buen principio, para no equivocarse y empeñar la palabra, cosa que la diputada ha demostrado tener y ser de territorio.
MORENA HIZO CUENTAS
Que nadie se confunda: lo que viene en 2027 no es una elección, es un simulacro. Un ensayo general, con vestuario, luces y nervios, de la verdadera función, la del 2030, cuando esté en juego la Presidencia de la República.
Morena lo entendió primero, como casi siempre. Tras semanas de titubeo, ese instante en que el poderoso se mira al espejo y se pregunta si puede solo, hizo cuentas y aceptó lo evidente: ir de la mano del PT y del Verde en 16 de los 17 estados que renuevan gubernatura.
¿El motivo? El miedo, ese gran arquitecto de coaliciones. Sueltos, esos aliados incómodos podían cruzar la calle y tocar la puerta del PRI y el PAN. Mejor tenerlos dentro que enfrente.
¿Y la oposición? Dormida. O resignada, que a estas alturas es casi lo mismo. Sin dinero, porque el presupuesto se reparte según los votos de ayer, y ayer perdieron, y sin relato, observan cómo el oficialismo teje asambleas y comités, confiando en que la indignación haga el trabajo que ellos no hacen.
En Tamaulipas no se elige gobernador, cierto. Pero sí 43 ayuntamientos, 36 diputaciones locales y 8 federales. Botín pequeño que anuncia el grande. Porque eso es 2027: un termómetro.
Dirá si el opositor todavía respira o si conviene firmar el acta de defunción rumbo al 2030. Como dijo César frente al Rubicón, la suerte está echada. La duda es quién se atrevió a cruzar el río… y quién se quedó mirando desde la otra orilla.
¡¡Yássas!!
