La prueba de congruencia: Morena, el factor Murat y la sombra de 2021
Sección Editorial
- Por: Ivonne Bustos
- 20 Abril 2026, 00:00
La política en Nuevo León no admite improvisaciones, y Morena parece haberlo entendido —finalmente— al enviar a un operador de largo alcance como Alejandro Murat para pastorear las ambiciones rumbo a la gubernatura. La reciente reunión con los aspirantes no fue un simple encuentro de cortesía; fue el despliegue de una pieza de ajedrez que conoce a fondo las entrañas del sistema y la administración pública.
Es cierto que la llegada de Murat a Morena en 2024 no estuvo exenta de críticas ácidas por su pasado. Sin embargo, en el tablero actual de Nuevo León, ese purismo resulta poco práctico. Basta ver la mesa de los aspirantes a la gubernatura para notar que el origen partidista es diverso y ecléctico; como dice el dicho: el que sea “puro” de Morena, que lance la primera piedra.
Independientemente de su origen, Murat aporta algo de lo que el movimiento ha carecido en la entidad: oficio y resultados. Su paso por el Infonavit y su gestión como gobernador de Oaxaca dan fe de su capacidad como administrador. Bajo su mando y de la mano del presidente Andrés Manuel López Obrador, Oaxaca salió de la deriva en infraestructura, con obras como la carretera Oaxaca-Huatulco y los cientos de caminos artesanales que brindan conectividad a las comunidades indígenas y pueblos originarios, así como la creación de puentes esenciales en toda la entidad. Ese perfil de “constructor de puentes” es el que hoy intenta aplicar en Nuevo León, no solo hacia adentro del partido, sino en la vital relación con los aliados.
Aquí entra una clave estratégica: la capacidad de caminar de la mano con el Partido Verde y el Partido del Trabajo. Los operadores de Morena deben otorgarles el respeto y el valor electoral que cada uno representa. Como ha señalado recientemente la dirigencia nacional, esta coalición no debe ser un acuerdo de cúpulas al vapor, sino una construcción basada en reglas comunes y claras que otorguen certidumbre a todos los integrantes. Sin una alianza sólida, institucionalizada y bien operada, las posibilidades de Morena de llegar a la gubernatura se limitan drásticamente; la suma de fuerzas es, en este estado, una cuestión de supervivencia aritmética.
Por esta razón, es muy relevante el regreso de Citlalli Hernández a la dirigencia nacional. Para Nuevo León, su presencia es una señal de certidumbre. Citlalli es un perfil muy apegado a la política local: conoce el estado y es cercana a sus liderazgos. Esa sensibilidad territorial, combinada con el oficio político de Murat, puede ser el pegamento que fortalezca el proceso hacia 2027, garantizando que esta vez la coalición se asiente sobre bases técnicas y cerrando las viejas heridas de una militancia que a veces se siente ignorada.
Sin embargo, el éxito de esta operación depende también de la ética de quienes levantan la mano. La instrucción de la Presidenta ha sido clara: quien quiera participar debe separarse del cargo. ¿Veremos a los aspirantes honrar estos principios y renunciar a sus plataformas? La pregunta queda para Tatiana Clouthier, Clara Luz Flores, Waldo Fernández, Judith Díaz y el alcalde Andrés Mijes. Separarse del cargo es lo correcto y lo apegado a los principios del Movimiento; es, además, la única forma de garantizar que la competencia interna y la negociación con los aliados bajo estas nuevas reglas claras sean transparentes.
El panorama evoca el accidentado 2021, donde una operación política dividida entre figuras como Julio Menchaca, Ricardo Monreal y Julio Scherer, más la falta de cohesión interna, terminó por descarrilar una candidatura que inició puntera. ¿Se aprendió la lección? La diferencia hoy radica en si se logra una operación que atienda lo electoral, la atención a la militancia y la cohesión con los aliados bajo un marco de institucionalidad. Nuevo León tiene hoy un partido estatal ausente y una bancada en el Congreso Local deslucida; la llegada de estos refuerzos pone a Morena ante un espejo: o se logra la unidad real con ética, respeto a los aliados y renuncias a tiempo, o se repetirá la historia de las derrotas autoinfligidas.
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