Opinión

La puerta estrecha

Sección Editorial

  • Por: Ron Rolheiser
  • 30 Junio 2026, 00:00

Un sacerdote conocido mío cuenta esta historia. Recientemente, durante un retiro para sacerdotes, el director del mismo comenzó su presentación inicial con estas palabras: “Damos por sentado que la mayoría de la gente va al infierno”. Luego intentó fundamentar esta afirmación citando a Jesús: “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ella. Pero pequeña es la puerta y estrecho el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la encuentran» (Mateo 7, 13-14).

A primera vista, esto parecería indicar que la mayoría de las personas no están tomando el camino que lleva al cielo, sino el que conduce al infierno.

¿Vamos la mayoría de nosotros al infierno? ¿Es eso lo que se implica aquí? ¡No! Eso no es lo que se está enseñando. Esta enseñanza de Jesús requiere un análisis más detenido.

En primer lugar, cuando Jesús dice “pero pequeña es la puerta y estrecho el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la encuentran”, no está hablando tanto de ir al cielo o al infierno, sino más bien de nuestras vidas, aquí y ahora.

De hecho, todos podemos identificarnos con sus palabras sobre que la puerta que lleva a la vida es estrecha y pocos la encuentran. ¿Cómo? Simplemente preguntándonos: ¿Cuántas veces en nuestra vida tenemos un momento —por no hablar de una etapa prolongada— en el que estamos libres de depresiones, remordimientos, inquietudes excesivas, celos, frustraciones y de cualquier sensación de que nos falta algo en la vida; y en cambio sentimos profundamente en el alma que hemos llegado al sentido más profundo de la existencia, que hemos descubierto el gran secreto y que ya no hay nada más por lo que luchar?

A veces vivimos momentos así, en los que hemos atravesado la puerta estrecha que conduce a la vida, aunque la mayor parte del tiempo seguimos luchando por llegar a ella.

Podemos experimentar esto al observar la vida de los demás. Sin ánimo de juzgar, ¿con qué frecuencia miramos la vida de alguien —en lo más profundo de su alma— y decimos: “¡Lo ha encontrado! ¡Ya ha llegado! ¡Así es como se ve una vida plena!”? Esto lo decimos de muy pocas personas.

Además, ¿qué es exactamente la puerta y por qué es estrecha?

En pocas palabras, la puerta que conduce a la vida —a la felicidad más profunda y plena de todas— es la invitación que Jesús nos hace en el Sermón del Monte (Mateo 5-7). Para Jesús, esto es lo que constituye la plenitud de vida: ser pobres de espíritu; estar en contacto con las heridas del mundo y con las nuestras; ser mansos; tener hambre de justicia; ser misericordiosos; ser limpios de corazón; trabajar por la paz; sufrir por lo que es justo y, sobre todo, amar a quienes nos odian.

Esa es la puerta estrecha que conduce a la vida, y nos cuesta atravesarla porque casi todo en nuestro mundo conspira en contra de ello. Nuestro mundo nos dice que lo mejor es ser ricos, que la mansedumbre y la empatía son debilidades, y que podemos odiar con la conciencia tranquila a quienes nos odian. Nuestros instintos naturales coinciden con esto. Tanto el mundo como nuestros instintos naturales nos invitan a una puerta ancha por la que podemos maldecir legítimamente a quienes nos maldicen y ejecutar a los asesinos.

El Sermón del Monte propone una puerta estrecha, la cual se vuelve particularmente angosta al final del sermón, cuando Jesús nos invita a ser compasivos tal como nuestro Padre celestial lo es, y explica detalladamente lo que eso significa.

La compasión de Dios, a diferencia de nuestros instintos naturales, se dirige por igual a malos y buenos, como el sol que brilla indiscriminadamente tanto sobre la mala hierba como sobre las plantas cultivadas. Dios ama por igual a pecadores y a personas virtuosas.

Y nosotros debemos hacer lo mismo. Nuestra virtud, dice Jesús, debe ir más allá de nuestros instintos naturales, esos que nos llevan a amar a quienes nos aman, odiar a quienes nos odian, maldecir a quienes nos maldicen y negarnos a perdonar a quien asesina a nuestros seres queridos.

La puerta estrecha que conduce a la vida plena es la puerta de una compasión amplia; es decir, atravesamos esa puerta que lleva a la plenitud de vida cuando amamos a quienes nos odian, bendecimos a quienes nos maldicen y perdonamos a quienes nos asesinan.

Lamentablemente, gran parte de nuestro interior y de nuestro mundo se resiste a esa puerta estrecha. Sin embargo, cuando Jesús dice: “Pequeña es la puerta y estrecho el camino que conduce a la vida, y pocos son los que la encuentran”, no está diciendo que la mayoría de nosotros iremos al infierno y solo unos pocos al cielo. Más bien, habla de nuestras vidas en el presente y señala con agudeza aquello que, en última instancia, nos brinda felicidad y una vida plena aquí en este mundo: vivir conforme al Sermón de la Montaña y, en particular, poner en práctica la parte que nos invita a amar a quienes nos odian, bendecir a quienes nos maldicen y perdonar a quienes nos asesinan.

Esa es una puerta que nos cuesta atravesar.

Ron Rolheiser, OMI
www.ronrolheiser.com

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