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Opinión

Inflación

Política e Historia

México vive la inflación más alarmante del último lustro; su efecto se siente en los hogares mexicanos y las dádivas son insuficientes para las familias mexicanas.

Según los expertos, es la inflación más elevada de los recientes tres años; de acuerdo con “otros datos”, la inflación fue en aumento desde el gobierno de “ya saben quién” y, en este momento, estalló la crisis.

La verdadera inflación representa la carestía en el costo de vida, es el encarecimiento de los productos que consumimos los mexicanos por encima de la canasta básica, pues incluye los combustibles, energía eléctrica y otros productos o servicios indispensables para las familias.

El tomate supera los $50 pesos por kilo, sea rojo, guaje o tomatillo; el precio está por las nubes.

Se supone que las acciones contra la inseguridad redundan en reducir los costos colaterales en la producción y distribución de los alimentos; en consecuencia, no es factor para su incremento en el precio.

Tampoco venimos de momentos de gran sequía o heladas regionales intensas que hubieran afectado la producción en entidades como Sinaloa, que se distingue por ser productor nacional; vaya, ni huracanes o inundaciones que acabaran con la producción.

El tomate no es lo único caro: también el arroz, frijol, cebolla, papa, huevo y otros alimentos básicos de los hogares.

Las cifras oficiales sitúan la inflación en un dígito, cerca del 5% inflacionario en la economía; las amas de casa, los proveedores del hogar y quienes surtimos en el mercado o el súper diferimos de los números oficiales.

Cuando hacen las mediciones, excluyen los llamados productos de temporada, la excusa es porque son bolsas de inflación que se desinflan rápidamente. Vaya excusa para manipular las cifras; intenté decir a mi cartera que no se objete por esas bolsas inflacionarias y su respuesta fue simple: “no es que sea objete, es que no tengo dinero”.

La inflación también está en la ropa, los productos para la limpieza del hogar, los artículos escolares, el recibo de luz, el costo del gas (natural o de cilindro); esos no los incluyen en sus cifras los sesudos medidores de la economía.

La inflación del país supera el 25% del poder adquisitivo. Las personas comunes, como ustedes y yo, no necesariamente dominamos el mundo de la manipulación de cifras — perdón, la medición de cifras—; medimos la carestía conforme el poder adquisitivo, en función de qué compro, cuánto compro y cuánto gasto.

Son estas tres preguntas básicas el verdadero indicador de la inflación: qué, cuánto y cuánto gasto.

Hasta quienes desconocen el arte de leer y escribir saben medir la inflación. La fórmula es sencilla: coloca en el carrito del súper (o mercado) aquello necesario para el mantenimiento familiar de una semana, ahora ve a la caja y conoce cuánto pagas por eso, ahora recuerda cuánto pagaste hace un mes o dos (el ejercicio es mejor si conservas los tickets de pago anteriores). La diferencia es la inflación.

Aplica la misma fórmula con el recibo de luz, de gas, el pago de mantenimiento del vehículo (si lo tienes), el precio del calzado (dirán que ese no cuenta porque podemos andar descalzos). 

Los tacos callejeros, el café con pan de las esquinas son otro indicador; dirán que no entran en la medición. Recordemos que el salario debe servir hasta para el esparcimiento y la inflación lo que hace es mermar el poder adquisitivo del salario.

Cuestionarán los sesudos mi forma de medir por no ser académica o científica. Es la usada a diario por millones de mexicanos. Nosotros sabemos que la inflación mantiene al salario con un 20 o 30% menos de poder adquisitivo.

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