La regla, el cinto y la chancla
Sección Editorial
- Por: Luis Sampayo
- 27 Abril 2026, 00:00
Frente a la máxima popular que versa en el sentido de que “cada cabeza es un mundo”, y cada mundo y universo que habita en el pensamiento particular del ser, lamentablemente se refleja, al día de hoy, en los deleznables acontecimientos, actos y hechos violentos que han manchado la paz, la tranquilidad y la sociabilidad entre los seres humanos. Situaciones sociales pobres y carentes de valores en estos tiempos modernos de innovaciones sorprendentes, de avances tecnológicos, de diagnósticos oportunos, de precisión e identificación profesional de los traumas emocionales y síndromes en el comportamiento humano, que nos hacen recordar la máxima de los tiempos pasados: el reglazo, el cintarazo y el chanclazo educador, formativo y, en aquellas épocas, altamente efectivo.
Ciertamente, al paso del tiempo y en compañía de la convenientemente laxa y comodina modernidad para enfrentar la vida real, las llamadas nuevas generaciones de cristal son, por un lado, mucho más frágiles que el propio cristal que les identifica para enfrentar la vida; pues hoy los chicos, por ejemplo, no saben cambiar una llanta ponchada, porque, al igual que las chicas que no saben cocinar una comida, existen las aplicaciones al rescate. Pero también —y hay que reconocerlo en contra parte—, en la mentalidad de muchos, virtualmente formados y educados, por no decir “entretenidos” a balazos de los juegos virtuales, aunado a los escasos valores sociales que se difunden a través de las redes sociales, han perdido el sentido humanista de la vida y se han convertido en generaciones más violentas, certeras y frías para destruir la vida.
Y es que, en el universo de acción de los padres, los chicos de hoy han y están siendo educados y formados a conveniencia de los escasos tiempos de atención personal que exige el compromiso social, amoroso, familiar y hasta legal de ser padres; y eso sin contar la alta incidencia en la “fabricación” de leyes, organismos e instituciones excesivamente proteccionistas que anteponen una especie de amenazante y transparente “guillotina” a quien ose inculcar educación, formación y valores con base en la disciplina del reglazo, el cintarazo y el chanclazo a los críos, so pena de ser denunciados al DIF, las autoridades y el “tutifruti” de todas las fiscalías especializadas.
Por obvias razones de la naturaleza en el desarrollo de un hijo, su formación, atención y educación va modificándose de acuerdo con su edad y el comportamiento que va presentando durante su crecimiento; pero cuando este compromiso formativo es delegado o sustituido en cualquiera de estas etapas, por el contenido poco edificante del entretenimiento en las redes sociales, el resultado es el que ahora mismo tenemos.
Lo que antes era la falsa violencia de la ciencia ficción que veíamos únicamente en la películas del cine, hoy es una terrible realidad en nuestras calles, en nuestros entornos, en donde muchos, involuntariamente, hemos sido alcanzados por ese golpe de realidad que nos han obsequiado las nuevas generaciones mal formadas ante la ausencia de valores, empatía, humanidad y disciplina que se les tuvo que inculcar a lo largo de su educación.
Evidencias trágicas y violentas de que “cada cabeza es un mundo” hay muchas, estimado lector, y ese mundo que habita cada cabeza, cuando hay bondad, se transmite en forma de valores sociales, humanos y de empatía; pero cuando en ese “mundo” habita la maldad, ésta se expone a través de la violencia y, por desgracia, se lleva de encuentro la vida de inocentes.
Y si no me cree, estimado lector, solo basta recordar a todos los desaparecidos; el homicidio en “Las Arboledas”; el hecho de las pirámides de la semana anterior; la señora que privó de la vida a su nuera por “robarse a su hijo”; la peliculesca persecución de unos presuntos ladrones el viernes pasado en centro de Monterrey; el adolescente que quiso entrar a una graduación con un arma blanca en San Nicolás; y un montón de hechos violentos que a diario confirman la necesidad de volver a los rudimentarios sistemas de formación del pasado que nos fue inculcada a “riatazos de disciplina”, pero con profundo amor para nuestro bien: con la regla, el cinto y la chancla voladora, educativa y formadora.
Por hoy es todo. Medite lo que le platico, estimado lector. Esperando que el de hoy sea un reflexivo inicio de semana, por favor cuídese y ame a los suyos. Me despido honrando la memoria de mi querido hermano Joel Sampayo Climaco, con sus hermosas palabras: “Tengan la bondad de ser felices”. Nos leemos, Dios mediante, aquí el próximo lunes.
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