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Opinión

La apuesta de Ramírez González para 2027

Protágoras

En política, las buenas noticias suelen llegar vestidas de condicional. Y la de esta semana en Tamaulipas no es la excepción: el estado podría recibir más participaciones federales en 2027.

Subraye usted el podría. La lógica del secretario de Finanzas, Carlos Irán Ramírez González, es sencilla y hasta justa: somos más, nos toca más. Si la Encuesta Intercensal del Inegi confirma que la frontera, el sur conurbado y la capital crecieron, la rebanada del pastel federal debería ensancharse. 

Hasta ahí, impecable. Pero va el punto ciego que nadie menciona desde el templete: más habitantes no son sólo más pesos en la bolsa estatal; son más escuelas, más patrullas, más agua, más hospitales. La población pesa en los dos lados de la balanza. Y un detalle que conviene no perder de vista: el monto no lo firma Ciudad Victoria, lo firma Hacienda. 

Tamaulipas puede tener las finanzas ordenadas, pero la última palabra se decide en Palacio Nacional. Hay que decirlo con todas sus letras: que el estado llegue a esta discusión con la casa en orden no es casualidad. 

La disciplina financiera la reestructura de la deuda y la baja en los costos del crédito traen nombre y apellido, y hablan de un manejo serio de las finanzas públicas. Ese trabajo, callado y poco vistoso, es el que hoy le permite a Tamaulipas sentarse a negociar con argumentos y no con ruegos. 

Que Tampico sea sede de la reunión nacional de funcionarios fiscales ayuda. Lo demás, todavía, es promesa en tiempo futuro.

KATALYNA MÉNDEZ LE PONE FRENO AL CEMENTERIO DE OBRAS 

En México cargamos con un cementerio invisible: el de las obras que nunca se terminaron. Drenajes a la mitad, puentes que no llegan a la otra orilla, calles que se quedaron en promesa. No murieron por falta de dinero ni de ingenieros.

Murieron de algo más tonto: cambió el gobierno. Así funciona el país desde hace décadas. 

Es como una carrera de relevos donde el corredor que recibe la estafeta, en lugar de seguir corriendo, la tira al piso y arranca desde cero. Cada tres o seis años volvemos a la línea de salida. ¿Y quién paga el boleto de esa locura? Siempre el mismo: el vecino que aún espera que le llegue el agua. 

Por eso vale la pena voltear a Tamaulipas. La diputada Katalyna Méndez propone algo fácil de decir y dificilísimo de lograr: que las obras dejen de tener fecha de caducidad electoral. Su iniciativa crea un “Banco de Proyectos” para que los estudios técnicos no terminen en la basura con cada relevo, y mesas donde estado y municipios remen para el mismo lado.

Ella lo resumió bien: el conocimiento técnico del agua, el drenaje y la obra pública no le pertenece a un partido, le pertenece a la gente. Suena obvio. En la práctica mexicana, es casi revolucionario. Ahora, seamos honestos, porque para eso estamos. Que Morena, PRI y PAN se hayan subido juntos huele bien… o huele a que falta lo difícil: el presupuesto y los dientes. Una ley sin dinero es un propósito de Año Nuevo; una ley sin sanción, una sugerencia. La idea es de las correctas.     

¡¡Yássas!!

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