Pues sí, estamos ante la encrucijada (y esperanza) de la llegada de un candidato (a) que apueste todo por la educación de la niñez y juventud nuevoleonesa.
Alguien que quiera levantar el Estado desde la base de una catapulta educativa que lleve a Nuevo León a fronteras superiores en esta materia; nuestra entidad federativa sabe el camino, ya pisamos la cima alguna vez.
Claro que eran otros tiempos; éstos concatenaban con empresarios determinados a apoyar a este sector público. Don Eugenio Garza Sada, entre otros, es la muestra que ilustra esta narrativa. Incluso, para ser sincero, eran otros tipos de docentes. El profesorado de ese entonces traía la pedagogía y la didáctica en las venas. Hacían homogeneidad con el elixir sanguíneo que detonaban en un maestro de entrega total. Su forma de vestir lo decía casi todo. Esa camisa blanca impecable que hacía juego con el pantalón negro de casimir con su corbata delgada, también de color azabache. ¡Ah!, sin olvidar los zapatos perfectamente bien lustrados. Todos unos catrines mis compañeros mentores de la época. Orgullos nacionales. Las maestras todas unas damas con sus zapatos de tacón y sus impecables medias mayormente de nailon; siendo sus vestidos o faldas con corte de tablones y planchadas a mano. ¡Uf! ¡Qué porte de mujeres! Todas unas profesionales de la educación norteña.
Hoy todo se ve distinto: ni existen empresarios que procuren elevar la calidad de la educación alentando decididamente con recursos económicos suficientes para becar a estudiantes brillantes y de escasas posibilidades económicas. Bueno, exceptuando al grupo empresarial Alfa que, con su Fundación Alfa, está dando de qué hablar con sus tres centros educativos. Ni tampoco se ven políticos a quienes les interese en demasía este rubro. Está “muy flaca la caballada”, como así decían en mi pueblo.
Cómo me encantaría escuchar a una candidata o candidato decir que va a cambiar a las familias nuevoleonenses desde la plataforma de la educación. Que sus discursos y disertaciones giren alrededor de este tema. Que se atreva a decir que “se la va a rifar con maestros de Nuevo León”. Que va a modificar desde las entrañas al “cuerpo de las escuelas” y, por ende, el aspecto salarial de los “profes”. El día que salga un presunto (a) gobernador (a), ese día iniciará el real y absoluto progreso de nuestra tierra regia.
Las escuelas normales formadoras de docentes están urgidas de una exacta y buena cirugía en lo referente a su currículo. Más pedagogía y didáctica y menos bagaje cultural. Más ética y menos estética. Más cursos intensivos y menos carreras a distancia. Más presencia física y menos clases vía Zoom. Reingeniería curricular de forma y de fondo es la impronta inmediata requerida.
Ya estamos en el año electoral para elegir a muchos funcionarios locales y federales, resaltando la figura de gobernador (a). Mientras las redes sociales están cumpliendo con su cometido, mientras no exista legislación que regule su accionar y mientras el INE no coloque a cada quién en su lugar en el tema de actos anticipados de campaña, los derroches económicos exagerados se harán presentes y estarán a la orden del día, dando una imagen de desorden electoral clásico de un país “chico”. Cuando ya se designen a todos los candidatos para participar en la justa electoral de 2027, veremos en carne propia lo que estoy escribiendo: desorden y más desorden. La verdad como es. Se tenía que decir y se dijo. Hasta la próxima.
