Ley antichapulines
Sección Editorial
- Por: Oscar Tamez
- 17 Julio 2026, 00:00
El grupo político de chapulines morenos en Nuevo León propuso una reforma de ley contra el chapulineo del gobernador para buscar la candidatura presidencial. ¡Qué bueno!, pero se quedaron cortos.
El pueblo bueno y sabio, y otros como yo que no somos ni tan buenos ni tan sabios, aplaudimos la iniciativa. El chapulineo, tan de moda desde finales del siglo pasado, es una plaga que aparece previo a las elecciones.
Hicieron reformas en años pasados, en su mayoría en favor de los chapulines y no como control de plagas o herbicida. Algunas de ellas facilitan que los gobernantes o representantes populares salgan a chapulinear en el jardín electoral y luego regresen frescos como lechuga a su cargo, ganen o no.
Los chapulines son poco éticos con los ciudadanos quienes los eligieron. En campaña gastan, prometen, firman compromisos y hasta juran que terminarán la encomienda sin que se les mueva la patita por otro hueso, perdón, otro cargo; pero, llegadas las siguientes elecciones, les surge la amnesia selectiva.
La solución a este problema es sencilla, pero, como todo tratamiento de enfermedades crónicas, es dolorosa. La solución está en cambiar la ley y eliminar las elecciones concurrentes, de modo que pase al menos un año entre comicios. La otra alternativa es que los proclives a chapulinear elaboren una ley antídoto contra ellos mismos y prohíban el chapulineo.
La primera solución es la más sana y respetuosa de los derechos de todos, pues, al terminar un encargo, deben trabajar con el electorado para pretender uno nuevo. El problema es que resulta costosa, fastidiosa y desgastante a la larga, con el peligro de incentivar el abstencionismo.
La reforma constitucional en el estado de 1992 acabó con las elecciones múltiples. Anteriormente, los ayuntamientos, las elecciones federales y la gubernatura iban en procesos distintos. La concurrencia abarató las elecciones, facilitó su logística y, de rebote, benefició las campañas paralelas para que los candidatos a cargos mayores apoyaran a los de cargos menores y viceversa.
La consecuencia es que se desató una plaga de chapulines en el jardín electoral. La solución ejecutiva es una ley que prohíba dejar la chamba tirada en busca de nuevos horizontes.
¡Sí a la ley antichapulines! Pero a todos, en el Poder Ejecutivo, Legislativo y ahora en el Judicial, que también se elige en urnas. Nada que permita licencias, permisos, separaciones temporales u otro uso lingüístico que sirva de rendija para que los alcaldes o gobernadores pidan licencia para ir por una diputación local o federal, una senaduría, una gubernatura o la Presidencia, ¡Prohibido! Lo mismo para legisladores locales, sean regidores o diputados, y para legisladores federales, sean diputados o senadores. ¡Que terminen su compromiso como representantes del pueblo! Eso sería lo moralmente correcto, lo políticamente justo y lo jurídicamente apropiado.
Habría que empezar por cambiar los conceptos de licencias, permisos y separaciones temporales. Hasta hace unos años, los alcaldes que se iban de chapulines debían dejar un sustituto surgido del cabildo; hoy la ley les permite permisos que abarcan las precampañas. Luego regresan al cargo unos días y vuelven a pedir licencia por el tiempo de la campaña. Al final regresan frescos a ocupar el cargo que abandonaron por un sueño legal, más no sé si legítimo.
Habrá quien diga que es su derecho contender, pero el derecho del ciudadano a que se le cumpla lo ofertado, ¿dónde queda?
Aplausos a la iniciativa de Morena, pero que sea incluyente a todos los cargos o, de lo contrario, parecería que temen a algo o alguien.
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