1. … es el título de un cuento corto de Gabriel García Márquez, que se llevó a la pantalla en México como Presagio. La narración parte de una mamá que confiesa a sus hijos tener el presentimiento de que algo muy grave va a pasar ese día. El rumor se propaga entre los vecinos, la gente comienza a alarmarse, realiza compras de pánico y termina por desmantelar el pueblo. Al abandonarlo, queman sus casas para que nadie las pueda ocupar. La señora, observando a lo lejos la desgracia, confirma: “Les dije que algo muy grave iba a pasar hoy, y no me creyeron”.
2. A García Márquez le faltó añadir que, muy probablemente, la señora del presagio pidió un préstamo en los días previos, compró todas las casas de la localidad y, una vez destruidas, comercializó los terrenos y se hizo de una fortuna. Así lo hacen los magnates de la IA: nos asustan con su creación, invitan a los competidores a detenerse, mientras ellos continúan investigando, avanzando, y ganando millones. Son tan brillantes que su propia creación comienza a asustarlos, a asustarnos, y parecen decirnos: “Si fui tan listo para inventar el problema, lo seré para resolverlo”.
3. Proponen lo que se llama una profecía autocumplida, de las que tenemos muchos ejemplos. Me platican de una pareja —debe ser un cuento—, con hijos ya casados y fuera del hogar, dueña de una inmensa casa, con un amplio sótano como sala de juegos, que han comenzado a habilitar para convertirlo en búnker. El esposo, ingeniero del Tec, sostiene que ya viene el apocalipsis cibernético, y ha imaginado una serie de escenarios catastróficos para los que quiere estar preparado. Como la Inteligencia Artificial (IA) bloqueará nuestras cuentas bancarias, se hizo de una enorme caja fuerte…
4. … para guardar efectivo; instaló un criadero de palomas mensajeras, pues también se cortarán las comunicaciones telefónicas; almacena cientos, miles, de garrafones con agua potable, ya que se inhabilitarán las presas; compró cantidades monumentales de velas y cerillos: se interrumpirá la luz eléctrica; y consiguió innumerables vacunas, seguro de que los laboratorios liberarán los más contagiosos virus. La pareja se despidió de sus hijos, segura de no volverlos a ver jamás y, aprovechando la que consideraron la última videoconferencia, les mandaron besos paternos y maternos.
5. Y sí. La autoprofecía se cumplió. Como empezaron a realizar transferencias no habituales, a comprar grandes sumas de monedas extranjeras, y a retirar casi todo su patrimonio, el banco les bloqueó las cuentas. No pudieron pagar, como siempre lo hacían, en línea, ni el teléfono e internet, ni la luz, ni el agua, y se inyectaron tantas vacunas que tuvieron efectos colaterales mortales. Sus hijos los buscaron, pero fue inútil. Habían amurallado su refugio de tal manera que fue imposible llegar hasta ellos. Las provisiones les duraron unas cuantas semanas.
6. ¿Quién causó la tragedia? ¿La implacable y asesina IA, o ellos mismos por producir un pronóstico autocumplido? Así andamos. Embelesados por los diálogos con y la sensibilidad del ChatGPT, comentamos lo que nos advierten sus nuevos generadores de oráculos, y nos asustamos por el inminente fin de la humanidad, en vez de exigir la regulación de esos entes hambrientos de poder y dinero en que se han convertido las grandes firmas de la IA. No es ella, la IA, la que debe regular nuestra vida, sino nosotros. Somos, aunque no parezca, más poderosos que ella.
7. Cierre icónico. Debe ser muy impactante el que un oso camine por una calle de tu colonia, entre a tu casa y tome por asalto el refrigerador. Además, muy peligroso. De acuerdo. Pero, tres cosas. Una: ¿no habrá un método más amigable para ahuyentarlos? ¿Tiene que ser una tabla con clavos? Dos: ello es una clara consecuencia del cambio climático, pues bajan en busca de agua y comida que ya no encuentran en su hábitat natural. Y, tres: ¿no será que hemos invadido su espacio, con construcciones cada vez más encaramadas en las montañas?
