En medio de un entorno político donde los colores partidistas se revuelven como si fueran latas de pintura, y que, frente a los excesos convenencieros, regularmente acaban ofreciendo en el ejercicio de sus funciones tonos o colores oscuros, irremediablemente provocan la decepción ciudadana, surge una propuesta que busca rescatar el sentido original del servicio público: el de servir a la comunidad a través de los genuinos y honrados liderazgos.
En los ámbitos y menesteres del interés público, recientemente ha surgido Regio Poder, una nueva agrupación que encabeza el siempre activo y preocupado por el entorno Carlos Salazar Lomelín, y que, en entrevista con Luis Padua la semana anterior, dejó claro que esta organización no sólo representa la política frente a su registro ante el Instituto Estatal Electoral, sino más bien un intento por redefinir la participación ciudadana desde sus raíces, con una visión social y profundamente regiomontana.
Y vaya que su objetivo no es menor, pues como grupo buscan convertirse en un semillero de auténticos líderes ciudadanos, con miras a sustituir la vieja figura del político tradicional —formado en el movimiento político y la conveniencia— por la del ciudadano comprometido, preparado y dispuesto a asumir responsabilidades públicas con honestidad y sin hipotecar su independencia moral.
Y es que, frente al reclamo social y consecuencia natural de lo hasta ahora experimentado, Salazar Lomelín ha resumido con claridad en esta entrevista —que puede verse en https://www.elhorizonte.mx/nuevoleon/va-regio-poder-tras-nuevos-lideres-ciudadanos/v6762844047— que: “Nuestra comunidad requiere gente con visión realmente ciudadana, joven, honrada y honesta, con visión de entregarle lo mejor de sus capacidades a los neoloneses”.
Una frase que, más que declaración, suena a llamado urgente. Y es que el hartazgo social hacia la política de siempre no necesita mayor diagnóstico.
Regio Poder, en ese sentido, no pretende por ahora convertirse en partido político; sin embargo, tampoco lo descarta, porque su objetivo inmediato es claro: formar cuadros nuevos de líderes jóvenes, que nunca han militado, pero que entienden que la indiferencia tiene un costo muy alto. En la práctica, esta agrupación se propone ser un puente entre la sociedad civil y la gestión pública: un espacio de incubación de ideas y liderazgo con responsabilidad social.
La meta es ambiciosa, pero no imposible: 30,000 regiomontanos inscritos antes de marzo de 2026. Un número que, de alcanzarse, marcaría una señal clara de que la ciudadanía no sólo quiere criticar, sino también actuar. Pero el reto mayor no solo será sumar registros, sino mantener la coherencia, pues, en la práctica, ya hemos padecido que los movimientos que nacen con la bandera de la pureza suelen enfrentarse a riesgos inherentes a los mismos vicios que critican.
Como garantía moral de este nuevo proyecto está el hecho de que sus fundadores no buscarán cargos de elección popular. Ni Salazar, ni Federico Garza Santos, ni Juan Carlos Pérez Góngora, ni los demás empresarios que integran el núcleo de Regio Poder figurarán en boletas. Esto, más que un gesto simbólico, es una declaración de ética: formar a otros para que gobiernen con una visión distinta. Una apuesta por la renovación generacional, pero también por la congruencia y honestidad.
Es importante observar que el verdadero valor de este movimiento estará en su capacidad para proponer una agenda pública de largo alcance, que vaya más allá del calendario electoral y que exija cuentas claras a los gobernantes actuales y futuros. Si logra articular una visión seria en temas como movilidad, medio ambiente, educación y transparencia, Regio Poder podría convertirse en una referencia inevitable en futuros procesos electorales.
A diferencia de otras asociaciones que nacen con ánimo de protagonismo o de revancha política, esta parece apostar por el territorio más difícil, el de la credibilidad. Y en una época donde la confianza es el bien más escaso, eso podría marcar la diferencia.
Y es que si algo ha mostrado la historia reciente es que la sociedad civil organizada tiene la fuerza para cambiar las reglas del juego. Y lograrlo dependerá de la honradez y la convicción con que sostengan su promesa de ser una plataforma ciudadana real.
En este estado, históricamente la iniciativa privada ha sido motor del progreso y quizás ha llegado el momento de que también sea motor del cambio político. Y si este proyecto logra inspirar a más ciudadanos a participar en política sin miedo y sin intereses ocultos, entonces, por primera vez en mucho tiempo, podríamos estar viendo el nacimiento de un poder verdaderamente regio: el del ciudadano consciente.
Por hoy es todo. Medite lo que le platico, esperando que el de hoy sea un hermoso inicio de semana. Por favor, cuídese y ame a los suyos. Me despido honrando la memoria de mi hermano Joel Sampayo Climaco con sus palabras: “Tengan la bondad de ser felices”.
Nos leemos aquí el próximo lunes.
