El pasado 4 de octubre, el actual gobierno del estado de Nuevo León llegó a su quinto año. Cinco años son tiempo suficiente para mirar hacia atrás y hacernos la pregunta: ¿por qué las obras que Nuevo León necesitaba desde hace años tardaron tanto en hacerse?
La pregunta importa porque un gobierno se puede medir en gran medida por el punto de partida que recibió y por el estado que entrega. Para entender lo que ha cambiado en estos cinco años, primero hay que recordar el Nuevo León que nos heredaron al comenzar esta administración.
Los grandes problemas de Nuevo León no nacieron en 2021. Cada administración los reconocía, los diagnosticaba y los dejaba a la siguiente. No era falta de recursos ni de información; ellos sabían perfectamente qué era lo que tenía que hacerse, pero no querían ni podían, porque, si algo caracteriza a la vieja política, es el posponer y ver por sus propios intereses, siempre dejando para el final a las familias neoleonesas. Así fue como nos entregaron el estado: con tres grandes crisis: agua, seguridad y transporte público.
En 2022 vivimos una sequía histórica, que, sumada a la nula inversión en infraestructura hídrica para Nuevo León durante décadas, dio como resultado presas secas, una red obsoleta y una crisis de agua que nos afectó a todos. La respuesta de este gobierno no fue un parche, fue hacer realidad obras con visión de futuro.
Se construyó el nuevo acueducto El Cuchillo II en tiempo récord, la nueva presa León y se renovó la red hídrica de nuestro estado con tecnología de primer nivel. Gracias a eso, hoy Nuevo León es primer lugar nacional en cobertura de agua potable.
En seguridad ocurrió algo parecido. Nos entregaron una Fuerza Civil abandonada y relegada a tareas que no le corresponden. Por eso apostamos por consolidar una Nueva Fuerza Civil a la altura de lo que Nuevo León necesita. Gracias a eso, tenemos los mejores indicadores en materia de seguridad de los últimos treinta años y Fuerza Civil encabeza, además, las mediciones nacionales de confianza y desempeño.
La movilidad es quizá el caso más visible y el que más paciencia exige porque afecta en la vida diaria de millones de neoleoneses. Nos heredaron camiones chatarra y un metro que llevaba años sin crecer a la medida de la ciudad. Hoy tenemos 4,000 unidades nuevas y 300 más en camino; al mismo tiempo, estamos construyendo dos nuevas líneas del Metro, el cual será el monorriel más largo del continente.
Cinco años después, hemos logrado resultados históricos en agua, movilidad, seguridad, infraestructura e inversión, demostrando que, cuando un gobierno es incorruptible, alcanza para todo. Pero en Nuevo León siempre buscamos ir más allá, por eso necesitamos que todo lo que hemos logrado hacer realidad continúe y que todos estos avances no se vean frenados por quienes no tienen visión de futuro. Tenemos la oportunidad de no volver a dejar las cosas para después y consolidarnos en el mejor lugar para nacer, crecer, educarse y vivir.
