El hecho de ir a dejar a los niños a la escuela, cualquiera que esta sea, implica seguir una ruta específica para cada plantel educativo de que se trate. Sin embargo, en primera instancia, habrá que programar muy delicadamente el cerebro para crear la ruta mental.
Enseguida, realizar una inspección real del recorrido en domingo. ¿En domingo? Así es, en efecto; esto es para revisar las condiciones de semáforos, calles, señas específicas y filas que habrá que obedecer para llegar a la puerta de acceso en tiempo y forma. Increíble, pero cierto.
No hay cosa más delicada y pensada que llevar a los retoños a las instituciones educativas donde se reforzarán los valores inducidos en el seno familiar. La educación empieza en el hogar; se solidifica en la escuela. Estamos hablando de que en nuestro vehículo (desde VW hasta BMW) va el futuro de la humanidad.
El tiempo que se ocupará para llegar a cada plantel debe incluir el que se habrá de invertir en el tráfico real citadino. Es toda una estrategia de logística y de movilidad la que se requiere en este tema tan cierto y, al mismo tiempo, escabroso, por todo lo que se observa en las calles y avenidas de nuestra querida metrópoli. Los espacios y las calles son las mismas; lo que ha aumentado es, cuando menos una veintena de veces, la cantidad del parque vehicular en la localidad. Y no estamos contando las motocicletas. Sus choferes son los reyes del camino.
Asimismo, lo que debemos prever también es la presencia de llovizna, lluvia moderada o abundante. En este supuesto es preferible aumentarle unos 40 minutos más al “presupuesto de tiempo”, si se desea llegar a tiempo a la escuela. Nuestro entorno se convierte en una inminente “lucha libre”.
Mientras las autoridades gubernamentales (municipales, federales y el Congreso local) se ponen de acuerdo sobre quiénes y cómo atacar este álgido problema de movilidad, a los ciudadanos “de a pie” no le toca más que tratar de administrar su tiempo (lo que le queda de descanso diario) para poder llevar con “éxito” a sus hijos a seguir con la educación integral que se pretende.
El lunes 31 de agosto lo veremos, hasta peleas a golpes “en vivo y a todo color”. Será la pérdida de toda homeostasis.
Siendo claros y sinceros en nuestra argumentación, ¡qué hermosos diálogos los que vertimos con nuestros “querubines” durante el trayecto hacia el lugar educacional! Es una verdadera y jugosa delicia el dedicarles más tiempo de conversación plena y directa con “el futuro de México”. Las preguntas más comunes y frecuentes en este intercambio diario de ideas y expresiones son: ¿Qué tal te fue? ¿Conociste a un chic@ nuevo? ¿Te revisaron la tarea? ¿Fueron a clase todos tus maestros? ¿Tienes tarea? ¿Hay algún material que hay que comprar? ¿Hay exámenes en puerta? ¿Tienes reunión de equipo? ¿Te comiste el lonche completo? ¿Los útiles están todos en la mochila? ¿Algo que se te olvide? Ya se han de imaginar los debates que se presentan cuando son dos o más retoños los que hay que dejar y recoger. ¡De película! ¡Vivir la vida!
Para todo esto, el auto (o camioneta) debe estar al cien por ciento en óptimas condiciones. En esta materia no debe haber escatimación alguna. ¡La seguridad es primero! Revisión cuidadosa de fluidos del carro, nivel de gasolina y llantas en perfecto estado, sin que se pasen los frenos; son condiciones de prevención inaplazables. No podemos ni debemos dejar esta actividad al “ahí se va”.
Así disfrutemos del “viaje mágico cotidiano” con nuestros hijos y llevémoslos a la escuela con amor y esperanza; hagamos que estos minutos sean como si fueran los últimos de nuestra existencia; dejemos que fluya el lenguaje familiar, ético y espiritual. La psicología aplicada nos puede servir de guía productiva en este tema. ¡Vivir hoy! Carpe diem.
Por último, vigilemos su aseo personal, sus amistades y visitemos la escuela con mayor frecuencia para conocer sus avances académicos y de conducta. Los maestros estarán muy agradecidos con su interés. Los planteles educativos, estén como estén, los recibirán con los “brazos abiertos”. La verdad como es. Se tenía que decir y se dijo. Hasta la próxima.
