Los buenos hábitos de Avelina Lésper de destruir el arte chatarra
Sección Editorial
- Por: Eloy Garza
- 02 Noviembre 2023, 22:47
La crítica de arte Avelina Lésper suele destruir obras de artistas farsantes.
Yo también tengo ese mal hábito y he tenido que pagar grandes cantidades de dinero por tal de corregir lo detestable.
Ni modo. Es parte de inculcar la buena práctica artística. Todo por el bien de la cultura.
A diferencia mía, Avelina suele decir que cuando destruye arte charlatán es sin querer: un accidente.
Puede ser. Pero como decimos quienes apreciamos el arte: “si lo rompes, lo pagas”.
Han acusado a Avelina por “violentar objetos de delicado equilibrio”. Y añaden: “lo suyo es gesto de odio y de ignorancia”.
Yo no creo que Avelina sea enemiga de la cultura. Y menos ignorante. Yo tampoco lo soy (creo).
Avelina es más bien, enemiga de los charlatanes de la cultura, por muy seleccionado que sea para la Bienal de Venecia.
El odio puede ser un recurso depurador.
Sostener un objeto “en delicado equilibrio”, por ejemplo, no es arte. Poner un vidrio con una pelota no es arte.
Lo que hacen artistas como Gabriel Rico una de las víctimas de Avelina (por muy cotizado que esté) no es arte.
Dice mi hermano Óscar Garza (que no sabe tanto de arte pero sí de cálculos matemáticos): “sostener un vidrio templado de más de 2x1 sobre unos delgados tubos de latón, sin soportes ni medidas de seguridad, es irresponsable”.
La física no sabe de arte. Así que más que de Avelina, la culpa es del artista VIP, por mucho que haya montado exposiciones exitosas y reconocidas.
Yo odio este tipo de arte que suele disecar venados, gatos, chivos y coyotes, para ponerles pelotas en la cabeza o una coca cola enfrente de sus narices.
A eso le llaman los pedantes “proceso autodirigido de deconstrucción y recontextualización material”. Qué cosa más imbécil. Una compleja estupidez.
A mí me llega uno de esos artistas imbéciles a disecar a mi perro Mito para ponerlo en una de sus instalaciones babosas, y yo lo correteo con un palo por todo San Pedro. ¡No se la acaba, en serio!
Y eso lo haría hasta en La Milarca, de Mauricio, que está a punto de inaugurarse. Si de plano por eso no me invitan a la inauguración de ese espacio sagrado, Mauricio se lo pierde.
Las instalaciones, el arte conceptual, los performance, pasan por un pésimo momento.
Sobrevaluados y fatuos, son una vía para lavar dinero y despistar al fisco.
Hace bien Avelina Lésper rompiendo tonterías visuales que se hacen pasar por objeto artístico.
Ya basta de ensalzar a tanto charlatán que vende a precio de oro en el mercado del arte.
Yo hago lo mismo y no me arrepiento de nada, como decía en una canción Edith Piaf (ella sí era artista y yo amo el homenaje que le hace mi amiga Paty Quiroga en su obra de teatro).
Ahora bien, eso no le quita a Avelina su responsabilidad en el delito de daños a propiedad ajena. A mí tampoco me lo quita.
Pero me da igual pagar por lo que hago. Así que por Avelina me quito el sombrero (si usara sombrero que no suelo usarlo más que el vaquero cuando voy a los rodeos o cabalgatas), le haga caravanas y le aplauda a rabiar su extremo proceder.
Mi querida Avelina: si traes con qué, sigue practicando tu crítica de arte a mazazos.
Muchos te lo vamos a agradecer. ¡Faltaba más! Aunque no tengamos luego que hacer una polla para pagar la fianza y el resarcimiento del daño.
El buen arte bien vale ese y cualquier otro sacrificio pecuniario. ¿O no?
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