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Opinión

El hombre que escribe antes del gol

Comentarista de Azteca Deportes

Detrás de los goles de Mbappé. Detrás de la eternidad de Messi. Detrás de la potencia de Haaland. Detrás del oficio de Harry Kane y del desequilibrio de Dembélé, hay un futbolista de apenas 24 años que también merece sentarse en la mesa donde se discute al MVP de este Mundial.

No es el máximo goleador.

Es el mejor asistidor del torneo. El hombre que convierte el talento de los demás en ocasiones de gol. El socio perfecto de los delanteros.

Se llama Michael Olise.

Lleva el número 11 en la espalda de Francia, aunque juega como un número 10.

Hoy es figura del Bayern Múnich. Fue medallista de plata en los Juegos Olímpicos de París 2024. Se formó en las categorías inferiores del Reading, explotó en la Premier League con el Crystal Palace y dio el salto al gigante bávaro en el verano de 2024.

Nació en Hammersmith, al oeste de Londres. Su padre es británico de ascendencia nigeriana. Su madre, francoargelina. Podía jugar para Inglaterra, Nigeria, Argelia o Francia. Eligió a los Bleus porque de niño soñaba con Zidane. En aquella camiseta estaba el fútbol que quería jugar.

Hay futbolistas que hacen goles.

Y hay futbolistas que hacen que los goles parezcan inevitables.

Michael Olise pertenece a esa segunda especie.

En una Francia construida alrededor del relámpago de Mbappé, él eligió otro oficio: el de la pausa. Mientras los demás corren, Olise piensa. Mientras el estadio mira al hombre que remata, él ya imaginó la jugada.

No es el trueno.

Es el relámpago que lo anuncia.

Los goleadores terminan las frases.

Futbolistas como Olise escriben la sintaxis secreta del partido.

Francia tiene velocidad, vértigo y gol.

Pero necesitaba un cerebro capaz de ordenar tanta electricidad.

Ahí apareció él.

Zurdo.

Sereno.

Un segundo por delante del resto.

Mbappé amenaza con la estampida.

Dembélé con el desequilibrio.

Olise decide dónde debe arder el incendio.

Por eso hace mejores a los demás.

Y esa es una de las formas más altas de grandeza.

Porque el MVP de un Mundial no siempre pertenece al que más aparece en la portada.

A veces pertenece al que convierte una colección de estrellas en una idea de equipo.

Quizá Mbappé esté escribiendo los goles de Francia.

Pero Michael Olise está escribiendo las oraciones.

Porque antes de cada gol existe algo que casi nunca se ve.

Una idea.

Una lectura.

Una chispa.

Y esa chispa se llama Michael Olise.

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