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Opinión

España hipnotizó al monstruo

Comentarista de Azteca Deportes

España domó al monstruo.

Sometió a la fiera.

La fue reduciendo hasta hacerla parecer pequeña.

Francia llegó a la semifinal con sus músculos, su velocidad y su colección de estrellas. Llegó como un equipo construido para intimidar, una criatura de zancadas largas y colmillos afilados.

Pero nunca pudo expresarse.

España la envolvió en un futbol hipnótico. La obligó a perseguir sombras, a correr detrás de la pelota y a jugar siempre un segundo tarde.

Cada pase español era una orden.

Cada posesión, una forma de dominio.

Francia quiso rugir.

España no la dejó abrir la boca.

El equipo de Luis de la Fuente jugó con una serenidad casi insolente. Sin correr más de la cuenta. Sin perder la forma. Sin renunciar al atrevimiento.

Porque España no sólo tiene futbolistas.

Tiene magos, genios, hechiceros.

Un auténtico circo de las maravillas, en el que la pelota aparece, desaparece y vuelve a surgir en el lugar donde más daño provoca.

Francia tenía potencia.

España tuvo imaginación.

Francia tenía vértigo.

España tuvo el control del tiempo.

Hay selecciones que quieren llegar cuanto antes a la portería contraria. España prefiere llevarte de la mano por un laberinto. Te hace creer que todavía sabes dónde estás, hasta que descubres que ya no encuentras la salida.

Así llegó el primer golpe.

Y luego el segundo.

No fueron únicamente goles. Fueron la confirmación de una superioridad que se había instalado sobre el campo mucho antes de aparecer en el marcador.

Francia nunca encontró a Mbappé. O, quizá, Mbappé nunca encontró el partido. El delantero francés quedó atrapado en esa telaraña de pases, coberturas y movimientos que España fue tejiendo a su alrededor.

El monstruo terminó domesticado.

La fiera, en silencio.

España ya está en la final del Mundial.

Ha llegado hasta la última estación jugando como si conociera de antemano el recorrido. Con la pelota como brújula, la juventud como insolencia y la paciencia como método.

Ahora puede descansar y esperar.

Porque la otra semifinal no será sólo un partido.

Será una excavación en la memoria.

ARGENTINA: MEMORIA, HISTORIA Y DESTINO

Argentina e Inglaterra volverán a encontrarse en una Copa del Mundo. Dos selecciones separadas por un océano, pero unidas por una historia que ninguno de los dos países recuerda de la misma manera.

Messi creció escuchando la hazaña de Maradona contra los ingleses, como crecieron generaciones enteras de niños y niñas argentinos. En Argentina, la guerra de las Malvinas forma parte de la memoria familiar y de las aulas. En el Reino Unido, aquella herida ocupa un lugar mucho menos central en el relato cotidiano.

Por eso este partido pesa de manera distinta a cada lado del Atlántico.

Messi jugará su sexto Mundial, pero por primera vez se enfrentará a Inglaterra: el rival contra el que Diego Maradona alcanzó la eternidad, primero con la picardía de la mano y después con el gol más hermoso de todos los tiempos.

No se le puede pedir a Messi que repita a Maradona.

Pero la historia acaba de colocarlo frente al mismo espejo.

Hoy en Atlanta, no comenzará un partido.

Continuará uno que lleva cuarenta años jugándose.

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