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Opinión

Gracias influenza, nos dejaste descansar

Familia Viva

¿En tu familia también ya cayó alguien con influenza? A nosotros nos tocó esta semana: nuestra hija menor. Y creo que la pandemia nos dejó al menos una habilidad útil: reconocer que temperaturas altas repentinas son igual a “vamos por una prueba rápida”. Así que eso hicimos. 

Y cuando le dije a mi hija que había sacado “premio”, porque salió positiva a influenza tipo A, solo nos quedó comprar medicinas y entregarnos al descanso. Todo se canceló: la posada familiar, la escuela, su clase de baile, las idas y vueltas. Y entonces pasó algo raro, casi milagroso: descansamos. Tres días completos.

En esos tres días vimos tele, películas de Navidad, hicimos té, jugamos un juego de mesa, cerramos el día rezando frente a nuestra corona de Adviento… y me di cuenta —una vez más— de lo aprisa que llevamos la vida. Es impresionante el ritmo que tiene esta ciudad. Le explicaba a mi hija que a veces el cuerpo pide un descanso, y que también está bien no estar bien. Lo difícil es no esperar a que una enfermedad nos obligue a detenernos, sino saber hacer nuestras propias pausas.

Hace años leí un libro que se llama The Intentional Family, de Willian J. Doherthy. Su invitación es clara: no esperemos a que una enfermedad nos pare para conectar; hagamos momentos intencionales de unión: una noche de películas, una cena en familia, un juego de mesa. Y, con evidencia científica, muestra que estas prácticas están relacionadas con menores tasas de alcoholismo, consumo de drogas y embarazos prematuros. Conectar hace bien. Conectar protege.

Estamos en la época perfecta para ralentizar, bajar el ritmo, dejar espacio para vernos, conversar, escucharnos. La vida se va volando; no dejemos que el tiempo nos rija más que la pregunta esencial: ¿qué tanto conecto con quienes vivo?

Hay un autor, Carl Honoré, que en El elogio de la lentitud nos recuerda algo esencial: “La cultura de la prisa nos roba la capacidad de disfrutar, de conectar y de estar presentes”.

Y su invitación es simple: no busques contar el cuento más corto por la noche para pasarlo “de rápido”, sino crear el espacio para mirar, conversar y realmente estar.

Incluso hay movimientos completos dedicados a reivindicar la lentitud. Y otro autor, Byung-Chul Han, en La sociedad del cansancio, nos recuerda que hoy la explotación ya no viene de otros: nos autoexplotamos. Nos empujamos a rendir, producir, optimizar, sin hacer pausas, sin permitirnos respirar.

Quizá por eso estos tres días de influenza fueron, paradójicamente, un regalo. Un recordatorio involuntario de que el descanso también es parte de la vida. De que la conexión no debe esperar a la enfermedad. De que aún estamos a tiempo de hacer espacio.

Gracias por leerme.

Dra. Marysol Flores Martínez
TedX Speaker · Autora · Consultora · Familióloga
Dra. en Liderazgo y Desarrollo Humano
Maestría en Psicología Neuroeducativa
Maestra de cátedra del Tec de Monterrey
Fundadora de @familiaviva.mx

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