Sumida en riñas infantiles, la clase opositora en Nuevo León se distrae de los asuntos importantes.
¿Y qué es lo importante? Que ayer, Donald Trump declaró en Fox News que EUA comenzará a golpear por tierra a los cárteles de la droga. Ya no solo será intervención marítima.
Y viene un riesgo real: Nuevo León está en el radar como objetivo de un modelo a escala del C4ISR, el complejo de acciones estratégicas de la Secretaría de Defensa de Norteamérica.
¿Qué es el C4ISR? Es el acrónimo de Command, Control, Communications, Computers, Intelligence, Surveillance and Reconnaissance.
Dicho de otro modo, el C4ISR es el sistema integrado de mando, control, comunicaciones, computación, inteligencia, vigilancia y reconocimiento utilizado por las fuerzas armadas estadounidenses para la ejecución de operaciones en tiempo real.
Te explico por qué pondrían los ojos en Nuevo León. Los cárteles que Washington busca desmantelar han diversificado su poder económico y logístico aquí.
Desde operaciones clandestinas que circundan la Refinería de Cadereyta, el crimen organizado controla rutas y combustible que forman un triángulo con Altamira, Tamaulipas, y Topolobampo, Sinaloa.
Aunque los principales focos de atención de Washington siguen siendo Sinaloa, Michoacán, Guerrero y ciertas rutas del Pacífico y de la frontera noreste, Nuevo León ha ganado relevancia como nodo logístico complementario en las cadenas de hidrocarburos ilícitos.
Esto lo coloca bajo un escrutinio mayor del que tenía hace unos años.
Sin embargo, la clase política de Nuevo León prefiere distraerse con juicios, demandas, parálisis presupuestal, campañas de memes y señalamientos aventurados en el Congreso local.
Incluso Víctor Pérez y Zeferino Salgado, entre otros grupos del PAN local, prefirieron incursionar en expediciones electoreras en el vecino estado de Coahuila durante las pasadas elecciones intermedias. Lo que consiguieron fue la pérdida del registro del PAN en esa entidad federativa.
En el libro The Next War (1996), de Caspar Weinberger y Peter Schweizer, se plantea un escenario imaginario de intervención militar estadounidense en México ante un colapso de gobernabilidad provocado por el crimen organizado. La entrada a México sería por Monterrey.
Aunque es ficción basada en juegos de guerra de la época, ilustra cómo ciertos sectores estratégicos de Washington han contemplado históricamente el territorio mexicano como zona de interés directo.
No digo que vaya a materializarse una intervención militar directa en suelo regiomontano. Pero, ante tal vulnerabilidad, urge que la clase política local deje de meterse zancadillas y cierre filas para mantener la gobernabilidad y la seguridad locales.
