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Opinión

Micaela Zapata; mito y realidad ¿crónica de un ícono?

Entre profes y Política

Hablar de la maestra normalista Micaela Zapata Mata, directora en suspensión temporal de la escuela secundaria número 2 “Guelatao”, de Santa Catarina, Nuevo León, es todo un tema. Ella es maestra normalista del sistema estatal desde hace 54 años. Trabajó como docente de primaria durante 6 años, cuando asciende como maestra de planta de secundaria en el año de 1981; desde entonces llega a la escuela citada con anterioridad. 

El medio socioeconómico de Santa Catarina (incluso de la cabecera municipal) en esa época no estaba tan prestigiado como se puede presumir actualmente. Ya había muchos problemas de drogadicción en ese plantel educativo, como en muchos más del área metropolitana de Monterrey. Para decir verdad, el perfil psicológico y socioemocional de la maestra Micaela encajó muy bien para “corregir” lo que el tejido social desgarró: el sano equilibrio de vida de los habitantes de nuestra región y de nuestro amado país, dada la evidente desigualdad de clases. “La profe Mica” (como le dicen de cariño padres de familia, maestros, exalumnos y alumnos que la aprecian) le entró al toro de lleno. 

Como directora de la secundaria “Guelatao” tiene ya casi 27 años consecutivos; los cumple en este septiembre. Su nombramiento como directora aún está vigente desde 1999. Durante todos estos años como responsable de esa noble institución educativa, Micaela Zapata se ha dedicado a formar estudiantes útiles para la sociedad nuevoleonesa. Este columnista ha recabado datos de exalumnos que, según ellos, gracias a la profe Mica han podido salir adelante en sus estudios básicos y su carrera profesional. La mano de un directivo severo se ha reflejado en todas las generaciones egresadas de esa escuela.

Bueno, si acaso es cierto, como lo es; entonces, ¿por qué está en entredicho la buena reputación que la maestra Mica tiene en su comunidad docente en general? ¿Por qué existen testimonios positivos de papás altamente agradecidos con el trabajo, la entrega y la dedicación de la maestra Mica, así como la de una gran cantidad de exalumnos que la han calificado como una maestra dura (o muy dura), pero muy exigente y entregada a la educación? ¿Será porque los tiempos y el medio ambiente lo permitían? ¿Recuerdan ustedes la rigidez de la otrora directora de la secundaria número 10 de Monterrey, Eva Molina?

Es aquí donde existe la gran disimilitud de las cosas. Si soy duro y exigente, me catalogan o estereotipan como anquilosado en mis prácticas pedagógicas y directivas; por consiguiente, seré repudiado por esta sociedad moderna como “un brutal y excesivo en mis medidas disciplinarias”, actos que la Comisión Estatal de Derechos Humanos reprueba de tajo. Por otra parte, si soy muy “buena onda” y profundamente “sensible y mandable” con mis padres de familias y alumnos, entonces soy un directivo “barco” y “pasalón”, donde no tendré respeto alguno de mi sociedad educativa y, por ende, “la escuela que dirijo” se viene a pique debido a la deserción de alumnos de la que de seguro seré presa. ¡Ah, pero eso sí, muy bien “calificada” por Derechos Humanos. Una gran dicotomía. ¿Cuál escoger?

De las actitudes que ha utilizado la maestra Micaela Zapata que le achacan y critican desde entonces (según se han escuchado algunas voces) son: maltratos a alumnos y maestros, vocabulario alzado de tono y que “obliga” a docentes a trabajar más horas de las que deben. Hemos conocido a maestros que han laborado en la secundaria “Guelatao” y nos han informado que, en efecto, la maestra “Mica” es dura con la disciplina y que hay algunos excesos, sin que lleguen a ser elementos básicos de una denuncia formal. Sin embargo, y de forma paralela, los jóvenes egresados salen con alto perfil académico. Entonces, ¿por qué los padres de familia y tutores han preferido su turno vespertino? Porque han de saber que hay más alumnos en la tarde que en la mañana. ¡Ups! Sentimientos encontrados.

Compartiendo opinión y experiencia en el ramo de Relaciones Laborales, el secretario de Educación, Juan Paura García, producto de una seria y responsable investigación bipartita, tendrá todos los elementos necesarios para dictar una resolución laboral donde ponga en balance la voz de los padres de familia, testimonios de alumnos y de trabajadores en general de la escuela, para efecto de impartir justicia y dársela a quien la tenga, priorizando la paz laboral y garantizando la sana educación de la comunidad santacatarinense y, por supuesto, otorgándole los derechos laborales de la maestra en cuestión. ¿Salida decorosa o reinstalación condicionada? Señor secretario, usted tiene la última palabra. 

¡Justicia laboral es lo que se requiere!, amén de los intereses políticos que este asunto pueda generar. La verdad, como es. Se tenía que decir… y se dijo. Hasta la próxima. 

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